Había que ver a LeBron James, con su musculosa número 23 (en honor a su ídolo, Michael Jordan), empapada de sudor y también de lágrimas. El Rey, que regresó a la franquicia de su ciudad natal hace dos años, había logrado lo que luego consideró ‘el título más especial de mi carrera. Podré ganar muchas cosas más, pero esto no tiene comparación con nada’. El alero de los Cleveland Cavaliers de 31 años terminaba una actuación colosal con 27 puntos, 11 rebotes y la misma cantidad de asistencias, para contribuir de manera protagónica a cerrar la final de la NBA 4-3 sobre los excampeones, Golden State, que esta temporada obtuvieron el mejor récord en fase regular. Era el adiós a una abstinencia de 52 años para los Cavs, hasta la noche del domingo, sin anillos en la liga más importante del mundo de básquetbol, por lo que LeBron James, el Rey o King de acuerdo al idioma que se elija, se convirtió en ‘El personaje del finde’ para DIARIO DE CUYO.
El moreno fue elegido primero por Cleveland en el draft del 2003. Llegó para darle vida a una franquicia en franca decadencia y así lo consiguió. Pero no le alcanzó su talento y potencia física arrolladora (mide 203 centímetros y acumula 115 kilos de puro músculo) para colocarse el anillo en la final del 2007. Fueron los Spurs de Manu Ginóbili los que le mostraron que la NBA es bien dura con un 4-0 que sonó a humillación para este hijo de madre soltera nacido en Akron. Tras finalizar el contrato, a mediados del 2010, LeBron pegó el portazo que nadie esperaba y se fue a Miami. ‘LeBron James y los 25 peores traidores de la historia del deporte’, llegó a titular por entonces el sitio Bleacher Report. Los fanáticos de Cleveland no dudaron en quemar camisetas del Rey y prometieron odio eterno. Dos títulos en el Heat, ambos con MVP en las finales incluida, dieron paso a su salida a mediados del 2014 por expreso pedido suyo y como agente libre, dejando de lado un contrato con muchos ceros como salario. Cuando en Los Angeles se frotaban las manos pensando en una dupla de ensueño junto a Kobe Bryant, LeBron volvió a casa. El dueño de Cleveland, Dan Gilbert, limó asperezas con ‘su estrella’ sabiendo que sin él un anillo de campeón era como mínimo una utopía. El arranque de la temporada tuvo a LeBron algo descontento con el técnico, David Blatt, que determinó la salida de éste y la llegada de Tyronn Lue, de apenas 39 años.
De ahí todo se fue encaminando en el equipo. James tomó más que nunca su habitual rol protagónico en las finales con la caída parcial de 1-3 ante Stephen Curry y compañía. La historia se empezó a dar vuelta de manera cinematográfica. 41 puntos en el quinto y sexto juego de LeBron mantuvieron a los Cavs con vida de cara al séptimo duelo y ahí su aporte resultó crucial, para ser el tercer jugador en la historia en tener un triple-doble en esta instancia de una final de NBA, junto a dos leyendas como Jerry West (1969) y James Worthy (1988).
En el Día del Padre, James fue ese jugador que comandó a su equipo a la gloria. En su sexta final consecutiva de NBA (ganó la mitad) se dio el gusto de colocarse el anillo de campeón y levantar el trofeo de MVP, a diferencia de las otras dos ocasiones pasadas, esta vez elegido de forma unánime. Por eso su emoción. Su desahogo. Esas lágrimas que recorrieron el planeta. Porque los ‘reyes’ también se emocionan…
