Cuenta la leyenda que en un grupo de amigos fans de los Rolling Stones juntaron dinero para comprar una remera usada por Mick Jagger. La prenda tenía estampado el número 25. Así el grupo se hizo llamar "Los pibes de la 25" y ese mismo año salieron a tocar como banda en el bar Viva María. En aquel recital de 1996 nació La 25, que hoy regresa a San Juan con sus más grandes éxitos y además, su octavo disco de estudio, que tiene como nombre "El Origen" y que saldrá a la calle el próximo 17 de octubre. DIARIO DE CUYO habló con Mauricio "Junior" Lescano, el hombre que guarda en su alma el rock y el fútbol como una sola pasión.

– ¿Cómo lograron mantenerse teniendo un bajo perfil?

– Es muy cierto, pasa que no nos mofamos de estar en los megafestivales. Sólo vamos al Cosquín Rock, creemos que es el encuentro federal del rock que tiene el país. El Quilmes o el Pepsi Music son eventos donde falta ideología y que en realidad no nos sentimos cómodos de participar. Somos más simples, cantamos muchas cosas de lo que nos pasa y las compartimos con una bandera nacional detrás.

-¿Cómo soportaron el duro golpe de Cromañón?

– Fue muy difícil superarlo. Lamentablemente le tocó a la gente del rock sufrir esto. Pero las consecuencias salpicaron para todos en general. Hoy tenemos mucho cuidado para hacer una tocada. Hubo un quiebre muy importante pero bueno, la gente volvió a confiar en ir a un recital. Sin ir más lejos, mirá lo que fue el recital del Indio Solari, hubo cero quilombos. Por respeto y por todo lo que significó, la gente abandonó las bengalas.

– Para vos ¿qué sentido tiene hablar de "rock barrial"?

– Mirá todas las bandas nacemos de los barrios, nadie viene cayendo de Júpiter. Ojo no es que esté en contra, sólo que no lo entiendo esto de "rock barrial" y del
"rock rollinga". Me hace ruido, porque suena como que esos rótulos se usan para despreciar a la gente que escucha y hace rock. Claro que todos salimos de Los Beatles, de Rolling Stones, de Deep Purple, puramente eso es rock. Pero bueno, no me molesta. Pero sí que quede claro, todos somos barriales.

– ¿Dónde quedó tu otra vida, de futbolista?

– Bueno el rock y el fútbol están en mis cromosomas. Jugar al fútbol está más cerca del arte que del deporte. Uno siempre va creando momentos mágicos dentro de una cancha. La verdad, no me gustaba entrenar, lo reconozco. Durante las concentraciones, llevaba la guitarra porque el futbolista no es muy jerárquico en escuchar música, así que le daba bastante a la guitarrita, jugando en la Primera A para Quilmes. Es algo muy loco porque llevo dos vidas en una. Puedo decir con orgullo que jugué y toqué en la cancha de River, en la de Ferro, en la Boca y en el Luna Park. Me puedo ganar un Guinnes.