Las expectativas que la sociedad deposita en un nuevo gobierno del cual espera que logre mejorar su situación particular constituye una cuestión absolutamente legítima y racional. Respecto de lo cual el nuevo gobierno deberá tomar las decisiones de política económica e institucional que estime conducentes hacia ese objetivo. Ahora bien me parece oportuno remarcar que, para que las decisiones políticas tengan verdadera eficacia, no es suficiente la idoneidad de quienes las toman y en definitiva que la propia decisión sea acertada, es menester contar con un sistema social que este imbuido de valores cívicos suficientes, que trasuntan el criterio o el modo en que cada cual decide desenvolverse en sus relaciones para con los demás y en relación con el Estado. Esto significa la existencia de un sistema social predispuesto a respetar las normas que regulan la convivencia organizada, cuya conjunción con decisiones políticas acertadas garantizan la eficacia del resultado. Sin embargo respecto de la sociedad argentina es preciso plantearse este interrogante, esto es, si representa un sistema de valores suficientes.

A la sazón entiendo que aún debemos madurar un largo trecho en este sentido. Asimismo que tal inconsistencia tiene una raíz u origen que se encuentra en la omisión en términos generales de un verdadero y auténtico nacionalismo o sentimiento nacional, el cual, constituye un valor que trasunta en cada miembro de la sociedad un espíritu de unidad o cohesión. La unidad es el criterio con el que una determinada comunidad decide enfrentar las vicisitudes que le presenta el devenir de la historia.

Poseer consciencia de unidad o cohesión es una cuestión fundamental puesto que posibilita actuar de manera uniforme frente a los grandes desafíos que han de gravitar en el seno de la sociedad de un Estado cualquiera, impidiendo a contrario sensu el antagonismo extremo que dificulta el óptimo funcionamiento institucional, cuyo resultado no es otro que el de crisis institucionales, como lo corrobora nuestra historia, perjudicando gravemente el progreso y desarrollo del Estado.

En conclusión, el sentimiento nacional lejos de ser una mera cuestión subjetivista constituye un auténtico valor del que se desprenden precipuas virtudes y facultades cívicas que necesariamente deben detentar los miembros de una sociedad, en sus relaciones entre si y para con el Estado. Se trata de un criterio de respeto suficiente en el que se ha de fundar la convivencia organizada.