Desde hace más de tres décadas el virus de la inmunodeficiencia humana y el síndrome de inmunodeficiencia adquirido (VIH/sida) preocupa al mundo, con intervención directa de las Naciones Unidas en campañas de prevención, a la vez de alentar a la comunidad científica a desarrollar tratamientos contra la enfermedad.
Desde el 5 de junio de 1981, cuando científicos de Estados Unidos convocaron a la prensa para revelar el descubrimiento de cinco casos de lo que se llamó un año después Acquired Immune Deficiency Syndrome (AIDS), y la lucha para controlar la pandemia, que se llevó en 2008 el Premio Nobel de medicina, la campaña mundial contra el sida ha logrado enormes avances, bajando significativamente las muertes en los últimos cinco años, aunque la tasa de nuevos contagios sigue preocupando.
De todas maneras más del 90% de estos nuevos contagios se produjeron entre trabajadores sexuales, consumidores de drogas inyectables, presos, transexuales y homosexuales, y sus parejas, dice el informe, por lo que el sida está bien localizado, pero la meta es conseguir poner fin a la epidemia en 2030, uno de los objetivos de la agenda para el desarrollo impulsada por la ONU.
Precisamente mañana, en la sede de la organización internacional en Nueva York, se realizará una reunión de alto nivel para trazar la nueva estrategia a seguir en los próximos años para acabar con esta epidemia, que el año pasado mató a 1,1 millones de personas. No obstante la elevada tasa de contagio, el director ejecutivo de UNAIDS, Michel Sidibé, destacó que los avances logrados en el tratamiento han permitido reducir en un 26% el número de muertes en los últimos cinco años. El gran logro, apuntó, es que actualmente 17 millones de personas tienen acceso al tratamiento antirretroviral en todo el mundo, lo que supera en 2 millones el objetivo fijado por la ONU.
También la lucha contra el sida se da en el plano político, por ejemplo en países africanos como Botsuana, Costa de Marfil, Nigeria o Uganda, se aprobaron leyes que criminalizan a los portadores del virus. Esto obliga a la prevención, ya que muchas personas infectadas han perdido sus puestos de trabajo o se les niega el acceso a los servicios sanitarios debido a su condición. Los estigmas también matan socialmente, por vía de la discriminación.
