Su historia conmueve. Cuando la tecnología y las comunicaciones parecen haber revolucionado a la sociedad, Rosa Bustos buscó este medio para tratar de hacer llegar su pedido a quien debe. Se trata de "Rosita", quien albergó en su hogar a Ángel Di María cuando visitó San Juan para disputar el Mundialito de Trinidad con Rosario Central. A sus 87 años, la mujer lo único que busca es reencontrarse con su "regalón".

Rosa es abuela de Facundo Suárez, quien jugaba en la categoría "88 de Trinidad, la misma categoría que recibió a sus pares de Rosario Central. Lucía -la hija de Rosita- coordinaba la Comisión de Damas de Trinidad y su esposo Domingo Suárez -ya fallecido- era el coordinador de la Escuelita de Fútbol del León. De allí vino el contacto y por eso la familia Suárez-Bustos los albergó.

"Angelito era mi consentido. Hasta hace unos años teníamos contacto con su familia pero lo perdimos. Lo único que quiero es volver a verlo, aunque sea cinco minutos, no pido más" cuenta Rosita, como todos la conocen en el Barrio Camilo Rojo de Santa Lucía. El rosarino, junto a la categoría ’88 del Canalla, llegó en 2000 para jugar el Mundialito de Trinidad y Rosa junto a su esposo Roberto lo hospedaron durante los diez días que duró el certamen.

La familia Suárez albergó siete chicos, mientras que los Bustos se encargaron de Di María y dos chicos más. "Los otros chicos se enojaban porque decían que yo consentía mucho a Angelito. Pero es que él era especial. Un chico con un carácter muy especial, muy dulce, obediente, cariñoso, era mi regalón", repite orgullosa la abuela. Los padres de los rosarinos se albergaron en la finca que la familia tenía en Pocito. Ese lazo de unión y confraternidad que se formó entre las familias fue tan fuerte, que al año siguiente repitieron la experiencia.

En ese Mundialito 2001, la familia Suárez en su casa del Barrio Jardín Policial recibió a Di María y Maxi Gómez -hoy en Belgrano de San Francisco-, pero como era de esperarse, muchos de los días que duró ese campeonato, Angelito lo pasó en casa de Rosita. "A él le encantaban mis ñoquis. Yo cocinaba para todos los chicos", cuenta.

Tanto Rosa, como su hija Luci, cuentan el profesionalismo con el que se manejaba Rosario Central. La entidad canalla confeccionaba una lista con las comidas y tareas que los chicos debían cumplir. Recordaron que Angelito era tan profesional desde niño, que cumplía con esas reglas al pie de la letra. "Tenían que almorzar siempre pastas y dormir la siesta. Yo tenía pileta en mi casa, pero los chicos no podían meterse porque debían dormir. Todos aceptaban las condiciones", sostuvo Lucía, quien también recordó cuando cargó en su auto a su hijo Facundo, a Angelito y los demás rosarinos y los llevó a conocer Zonda: "Se sorprendían al ver las montañas de cerca", rememoró.

Los chicos se fueron pero la unión siguió. Tanto que los Suárez-Bustos partieron en las vacaciones de julio rumbo a Rosario a visitar a los chicos. "Nos recibieron excelente. Los papás de los chicos de Rosario nos hicieron una cena pero al otro día partían a Entre Ríos a jugar un campeonato y nos invitaron. Nosotros pasamos por casa de Angelito a buscar a su papá porque no tenían en qué ir", cuenta Lucía. Y ahí resalta lo humilde que era la familia Di María. "Vivían en una casita muy precaria. Los papás hacían un enorme sacrificio para comprarle botines y darle lo mejor a él. Por eso ahora disfrutamos mucho que haya progresado. Todo es producto del esfuerzo y el sacrificio que pusieron", expresó.

El último contacto que tuvieron con el actual jugador del Manchester United, fue cuando visitó San Juan con el seleccionado Sub 20 (ver página 43). Ahora, con la llegada de la Selección para jugar un amistoso ante Bolivia, Rosita se ilusiona con un reencuentro. Toda la familia Bustos irá a la cancha, a excepción de Rosita. "A mi edad no voy a las canchas porque me da miedo, pero me gustaría mucho poder saludarlo, me haría muy feliz", contó la abuela, casi suplicando por un reencuentro con su regalón.