Señor director:

Con motivo de la recordación de un nuevo aniversario del terremoto de 1977, quiero compartir con los lectores la siguiente poesía de mi autoría a la que he titulado "Aquella mañana":

Furia desbocada la del Pie de Palo en sus entrañas./ Rumor que se agiganta, y se hace estruendo cuando estalla;/ Caucete, mi Caucete es un grito de horror y desconsuelo./ Amanece en ese día de noviembre pero aquí, al pie del cerro legendario es el ocaso, el dolor y el ruego.//… En esa mañana, apenas pasadas las 6.25/ te vi convertida en polvo y escombros./ El temblor de todos, ante la tragedia,/ el miedo, el espanto, y ese mudo asombro/ lleno de preguntas, de zozobra y llanto./ La búsqueda ansiosa de seres queridos,/ y queridas cosas.// En pocos segundos el clamor y el vértigo/ cual potro alocado la tierra se ha vuelto./ Y se abre en mil surcos de arena y de agua,/ de ceniza y lágrimas.// ¡Caucete no existe! Se perdió en un tiempo de escasos segundos con furia extremada./ ¡Caucete no existe! ¡corred a ayudarla!/ En pocos segundos se adueño la nada.// El Apocalipsis probó aquí sus garras,/ hirió en lo mas hondo a madres y niños,/ cobróse sus vidas y reina en sus calles/ la muerte y la sangre.// ¡Caucete no existe! Dice el carolino/ mostrando raíces/ ¡lloran los viñedos y el sauce tristón,/ que a su verde melena golpeando la tierra/ también destrozó.// Se detuvo el tiempo y nació el horror/ la diagonal grita por su gran dolor:/ -¿Qué es lo que ha pasado? No logro entender!/ El sol allá brilla y aquí todo, todo/ solo brumas es….// Y en las callecitas, la tierra es más tierra,/ sepulta la vida, se deshace de ella./ Mil nubes de polvo envuelven tu encanto/ acallan tus voces, lapidan recuerdos/ derrumban los muros que manos/ pioneras aquí, levantaron.// Pero entre las ruinas veo que alguien saca/ cubierta de tierra, de arena y de paja/ la caja aun sonora, la madera intacta/ nidal de sus sueños, su vieja guitarra.// Y están los que quedan, seres aun con vida/ entre cielo y tierra;/ que elevan sus ojos, opacos de lágrimas/ y uniendo sus manos, imploran y ruegan/ para que Dios ponga de nuevo en Caucete/ su mirada buena, y ayude a su gente/ que en esos segundos, con su alma aterrada/ ¡terremoto de almas¡,/ sólo por Ti invocan, sólo por Ti oran,/ sólo por Ti cantan.

Beatríz Urizar

LE 4.195.953

Caucete.