"El tiempo que no se colma sostiene la mano extendida porque en alguna estación de la vida colecta por la indolencia". La historia nos revela la Argentina pregonera, del vocablo "querida", "amada", "nuestra"; de la expresión diáfana, comprometida y esperanzadora que escribía de corrido "nuestra querida, amada y sentida Argentina". Eran tiempos de creación y pujanza, colmados de héroes y patriotas a pesar de sus luchas y modos de concebir en su hechura el alumbramiento nacional. ¡Epopeya de gloria y laureles, del encendimiento! Esa niña hermosa gestada con sangre y amor se fue adormilando en sí misma arropándose en los sentidos de su propio ser. En la praxis dialéctica de la modernidad, la promesa vana rindió culto a la falacia, engañosa, recogiéndose en frases aterciopeladas, agradables al oído del pueblo silencioso, dulces al paladar que degusta la palabra, embelesadoras de pupilas destelladas de admiración, sentidas en piel rizada de emoción regocijante, henchidas en corazones generosos de credulidad ciudadana. Ese derroche poetizado del discurso embellecido, prometedor, corroyó un lapso distintivo de vasijas que han quedado sin colmarse, casi vacías, denostando un tiempo que extiende su mano para colectar la obra que no se hizo.

Hoy se esgrime sin esplendor un presente ignominioso que lacera hiriente el alma de los seres, por tanto que pudiendo ser, no somos. Cuando la obra inconclusa se cuelga holgadamente en el riñón cubierto de la indignidad, sólo llenan alforjas desmedidas de ambición humana. Cuando en una sociedad las preguntan flotan en corrillos sin ágora, se borran huellas sin descubrir respuestas. La historia, cada día más gráfica, se asienta con mayor fidelidad y se presenta genuina en sus propios hechos al presente analista y reclamador. El ojo avizor, vigilante, presto en la mañana nueva, conoce del sol oculto por causas de quien pasó con el arado en alto, sin penetrarlo en su tierra.

¿Dónde se refugió el trasvasamiento generacional pregonado a fines de la década del 60 y principios del 70 del siglo XX? La pretensión contemporánea de esa época, centró sus objetivos en el derrocamiento del poder militar. En ese marco estratégico, los jóvenes se organizaron bajo las banderas de liberación nacional, pero para hacerla posible debían formarse y prepararse ante la necesidad de renovar las dirigencias enquistadas en los partidos políticos y en general, en toda la sociedad intermedia. La loable idea no sería empresa fácil ya que las dirigencias habían comprado pasaporte para la eternidad. Se tiñó de dramatismo la lucha interna en los distintos estamentos sociales alcanzando ribetes que excedieron el propio ámbito de la discusión o de la puja.

Los estudiantes universitarios del país, ya sea por solidaridad o por comprensión de la realidad imperante, confluyeron masivamente a protagonizar los más variados actos de la vida nacional. Las juventudes religiosas y gremiales no se quedaron atrás. El cuestionamiento a las dirigencias fue flor del día en un tiempo altamente politizado, cargado de vehemencia y discusión. El sinnúmero de divisiones en las jerarquías políticas y sindicales fecundó el nacimiento de grupos enraizados en conceptos y metodologías diferentes en la forma de concebir la acción.

En ese ir y venir de la vida y de los constantes cambios, las vasijas fueron perdiendo su escaso contenido y hoy se presentan vacías, sin la obra debida, sin identidad cultural, pero con abundantes rollizos de promesas no cumplidas y con el mando en las manos de quienes lanzaron al viento las promesas incumplidas. Son los últimos pregoneros transformados en generación intermedia que dejaron atrás al joven promesante, idealista. El signo de la verdad fue superado por el signo de la mentira. La evidencia concreta de un período insatisfecho le despojó de sus esencias a la vida, con "la sutileza del viento de Guadarrama que mata a un hombre y no apaga un candil". En esa realidad argentina, triste, forjada en el marco de la falacia, se construyó un silogismo con ambas premisas falsas, o dicho de otra manera, ninguna fue verdadera.

En el espectro del poder, pululan referentes de las añejas fuerzas, tanto de los extremos como del centro ideológico doctrinario, y ese no es mérito de la unión nacional sino el resultado de hombres y mujeres que abandonaron sus banderas ante la tentación del cargo público. En ese vacío espiritual de la Nación, a la virtud se la hirió de muerte para el ejercicio público. La inseguridad, la drogadicción, la pobreza, los vicios y hábitos perniciosos, la injusticia, el extravío del bien común, la familia sin norte, el atentado a la vida, la carencia de amor son todas cajas recaudadoras por un tiempo malogrado con el capital de la vida derrochado indignamente.

El tiempo que no se colma, tarde o temprano se cobra por la indolencia.