Jáchal es la patria chica, convertida en la depositaría de recuerdos históricos y asociaciones mentales, es el lugar donde nuestros ascendientes vivieron, tuvieron sus alegrías, dolores y trabajaron, haciendo frente a la situación que les tocó vivir, que no siempre fue fácil. Allí nacieron, criaron a sus hijos y sepultaron a sus muertos, todo lo cual hace que nada se le pueda comparar, porque: "No se que tiene esta tierra que aprisiona el corazón…”.

Sus lugares geográficos como: el valle, sus montañas, sus arroyos, su paisaje y hasta sus olores, adquieren un carácter especial. Son lugares de hondos afectos y exaltación, cuyo significado sólo pueden ser comprendido por los que capturan el alma de ese pueblo, y por los que tenemos conciencia de pertenecer al lugar donde nacimos y reconocer su importancia histórica. La conservación y transmisión de los valores tradicionales del pueblo, nos da fe de la vida de nuestros antecesores. Nunca como hoy es mas necesario, acrecentar y tecnificar todo el acervo cultural. Por eso hay que luchar por la conservación del acervo tradicional ya sea oral como escrito y en esto luchamos a veces en completa orfandad. La conservación es innata y natural, no conservar entraña dilapidar un tesoro cultural precioso que define nuestra identidad y por lo tanto nuestra tradición.

Hay en la vida de Jáchal momentos que están en las sombras, cosa que nos planteamos hace más de cuatro décadas al hacer el Seminario con que culminábamos nuestra carrera en Historia: ¿Qué pasó en 1551 cuando la expedición de Villagra, (descubridor de Cuyo) venia del Perú, para ir a Chile y auxiliar a Valdivia? ¿Cuánto tiempo estuvo en Cuyo?, porque la cordillera no se pasa cuando uno quiere. ¿Sus hombres exploraron esta región? ¿Algunos no se quedaron acá? ¿Qué buscaban los españoles en esas tierras? De estas preguntas se desprenden varias respuestas, que no es del caso detallar.

En 1601 el obispo de Chile Antonio Pérez de Espinosa fundó 11 doctrinas o parroquias rurales en Cuyo, una de esas fue Jachalí de Angacao. Debió ser de construcción precaria, cuatro horcones de algarrobo y una techumbre, he ahí el origen de la iglesia de Jáchal, que tanta importancia ha tenido en nuestra Historia. Nosotros creemos que cuando Espinosa fundó la doctrina, ya hacía mucho tiempo que en Jáchal había una mezcla de indígenas y españoles.

El 25 de junio de 1751 fue fundada la Villa en el actual emplazamiento: ¿razones?: estratégicas, comerciales y políticas, pues se trataba de unir con el tiempo a centros dinámicos exportadores, además de organizar la población ya establecida. A los fundadores se les repartió 62 sitios. Por medio de un Auto (documento) a los primeros pobladores se les concedía que le pudieran agregar a su nombre el título de "Fundadores”, que equivalía a un título de nobleza o privilegio. El número de vecinos sumaba 462 habitantes, entre españoles peninsulares, mestizos e indios, todo esto abona nuestra hipótesis que antes de la fundación política ya existía el pueblo.

El indio, el español peninsular y el mestizo, fueron el tronco de esta sociedad, que se había agrupado desde sus orígenes alrededor de una pequeña capilla con el fraile misionero ambulante, sacerdotes permanentes después, fue la autoridad espiritual centro de la vida religiosa organizada, consejeros de familia, y de la educación pública.

La Iglesia de jáchal inició una tarea administrativa en áreas que afectaban luego a la autoridad civil. Así las anotaciones parroquiales de bautismos hacían las veces de partidas de nacimientos, las actas matrimoniales certificaban el sacramento y la constancia de los sepelios era el testimonio de la defunción (Ver foto). Por lo tanto la Iglesia allí fue la portadora y custodia de los documentos que se fueron generando y depositaría de la tradición. Con la fundación aparece la organización política, que por sutil que sea supone instituciones comunes y se fijan los deberes y derechos entre los miembros de la comunidad.

El desarrollo de la población fue a veces muy penoso, el trabajo en el campo, en las minas, el de las arrias, se convirtió en algo inapelable, pues el calendario marcará los ritmos rutinarios, como una aceptación al orden establecido. No se ara, siembra, ni cosecha, ni se pasa la cordillera cuando uno quiere. Si bien las tareas suman voluntades es importante la colaboración individual. La rutina surgida de las labores citadas y la aceptación del orden establecido hizo que los habitantes de Jáchal forjaran una mentalidad conservadora, defensora de sus tradiciones y que cantaron sus poetas como Buenaventura Luna.

San José de Jáchal representa como nadie la tradición, como memoria del pasado recibido y vuelto presente en cada presente del tiempo que transcurre.