La falta de datos oficiales y estadísticas actualizadas sobre trabajo infantil en la Argentina hace que no se pueda conocer la realidad del problema en la dimensión nacional. En el plano mundial, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que son 215 millones los menores que trabajan en el mundo, el 50 por ciento de los cuales lo hace en tareas peligrosas.

En nuestro país, la propia OIT calcula que son 450.000 los chicos afectados a distintas labores. Actualmente, y a pesar de que el país aprobó en 2008 la ley 26.390 de Prohibición de Trabajo Infantil y Protección del Trabajo Adolescente, y además ratificó todos los tratados de la OIT al respecto, la única radiografía oficial sobre ese problema en la Argentina fue hecha por el INDEC en 2004, tres años antes de la manipulación estadística.

Según ese relevamiento, denominado Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA), que tampoco puede proyectarse en el nivel nacional, se afirmó que el 6,5% de los niños de 5 a 13 años trabajó en la semana de referencia en actividades equivalentes al trabajo adulto, un 4,1% produjo bienes primarios o participó en actividades de autoconstrucción para el propio hogar y el 11,4% realizó tareas domésticas por diez horas semanales o más.

La Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) de la Universidad Católica Argentina señala, con referencia al medio urbano, que el 17,6% de los menores, entre los 5 y los 17 años, realiza trabajos en condiciones de vulnerabilidad social, tanto en la casa como fuera de ella. En sentido general, se considera que la situación existente ocho años atrás se mantiene constante. La falta de información suficiente y precisa impide conocer el efecto de las acciones que se impulsan y el seguimiento posterior de los resultados que se van alcanzando. Una de las medidas de las que es lógico esperar una especial influencia reductora en el problema del trabajo de la minoridad y un paralelo aumento de la escolarización obligatoria es la denominada Asignación Universal por Hijo, que data de octubre de 2009.

La manipulación de estadísticas e índices termina siendo un obstáculo severo para seguir con eficacia la evolución de sus propias medidas. El tema comentado posee una evidente significación para la minoridad, pues el trabajo precoz implica para muchos una cuota injusta de peligros físicos y psíquicos, así como la frustrante deserción educativa eleva las probabilidades de exclusión social.