En nuestro país, sólo un 6% del transporte de cargas y pasajeros se hace por ferrocarril, ya que la mayor parte de la logística y servicios utiliza el sistema carretero. Por ese motivo el esquema de costos operativos es mucho más alto y con superiores niveles de contaminación si se comparan los camiones y los colectivos con el tren.
Cualquier política de reactivación económica debe tener en cuenta los desequilibrios existentes en el sistema de transporte, en particular de cargas por su impacto en los fletes, de manera que se deben priorizar las inversiones en infraestructura ferroviaria a fin de reactivar los trenes como una herramienta básica para el desarrollo productivo.
Desde hace décadas el sistema de transporte argentino se encuentra concentrado en el traslado de cargas y bienes por carreteras y lo mismo ocurre con los viajes de corta y larga distancia de pasajeros. Según los especialistas, la matriz actual tiene mayores niveles de contaminación y consumos de energía frente al transporte de carga que es de hasta diez veces superior al del tren. Un camión de 4 a 6 toneladas, debe tener unos 110-120 hp, por lo tanto la razón de consumo supera ampliamente al tren. Es decir, si se busca igualar las cargas para una misma distancia y un mismo consumo de combustible de unos 2120 litros, implicaría desplazar 18 camiones de 265 hp, o una locomotora de 1800 hp para arrastrar con 12 vagones.
Por ejemplo, si se necesitan desplazar 2.800.000 toneladas de madera se deben utilizaron barcazas que consumen 4.552.000 litros al año; comparativamente en camiones esa carga necesitarían anualmente unos 11.500.000 de litros. Sólo en este rubro se aprecian las enormes diferencias de costos entre estos medios.
Por otra parte se plantea el elevado costo de los fletes actuales, ya que mientras en camión se proyecta un valor global de casi 1903 millones de dólares, si se hace en ferrocarriles sería de solamente 222 millones de dólares, en los números que manejan los analistas. El desequilibrio es notable, con profundas consecuencias económicas, desde los fletes de los productores hasta el consumidor, pasando por los daños en infraestructura vial, ambientales y sociales.
Las naciones desarrolladas prefieren al tren por al avance alcanzado y compite con el avión en tramos cortos y medios.
