El luctuoso accidente de tránsito que se produjo el fin de semana pasado en el cruce de las rutas 141 y 20, en Caucete, exige que los organismos encargados del mantenimiento carretero en el ámbito provincial, efectúen una pronta revisión de la traza de algunas vías rápidas que muestran deficiencias y peligros potenciales.
Estas rutas son vías obligadas para entrar o salir de la provincia, o para llegar a sitios de gran afluencia de público como el oratorio de la Difunta Correa o la capilla de San Expedito, y empalman peligrosamente a la altura del denominado Control Forestal. La falta de derivadores de tránsito, con una correcta señalización de prioridad de paso hace que esta intersección sea de gran riesgo.
Algo similar ocurre con otros tantos cruces o empalmes de vías rápidas, caso del cruce de la Ruta provincial Nro. 3 y el Acceso Este a la ciudad de San Juan, en Santa Lucía; el trazado de la ruta 20 al ingreso a la ciudad de Caucete; los distintos cruces de calles en el tramo de la Ruta 40, desde nuestra ciudad hasta Albardón, o los cruces a esta misma vía desde calle 5 -donde finaliza el Acceso Sur- hasta la calle 7, en Pocito.
En sitios mencionados, no está debidamente orientada la forma de circulación y esto ocasiona inevitables accidentes, en algunos casos con la pérdida de vidas. Si bien Vialidad Nacional asegura que cuenta con proyectos de autopistas que van a solucionar estos inconvenientes, es necesario que hasta que la iniciación de esos trabajos se tomen medidas para evitar esta grave seguidilla de accidentes.
Más allá de la imprudencia de los automovilistas, existen fallas de origen desde el diseño de las trazas, lo que se tendría que haber advertido oportunamente.
