Dentro de la diversificación turística local, ha comenzado a crecer el denominado Turismo Minero, una variante que se
ofrece en países con recursos similares a los nuestros. Se trata de una alternativa interesante porque involucra lugares a veces desconocidos hasta por los propios sanjuaninos.
Cualquier itinerario es singularmente bello, pues tiene el marco majestuoso de la cordillera y de los valles, donde se pone en valor a la minería ya sea desde un enfoque histórico o desde el desarrollo económico en base a los yacimientos en explotación. Por lo tanto, en el turismo minero se entremezclan la historia de ciertas minas abandonadas con las actuales que aplican moderna tecnología. El enriquecimiento cultural implica observar minas abandonadas, como las Ruinas de Hilario y Castaño Viejo, en Calingasta, Hualilán y Marayes, cada una con su historia, o bien conocer las caleras de Los Berros y las extracciones de La Laja, Pie de Palo, o Valle Fértil.
En esta forma de recreación y conocimiento algunas empresas han sido pioneras, por ejemplo Barrick, que recibe a más de 500 visitantes por año en Veladero, en una jornada de visita intensiva dentro del Programa de Información de la empresa y absolutamente gratis para quien lo solicite. Esto lleva a crear una conciencia ambiental y una verdad en los hechos frente a una imagen distorsionada.
Este turismo exige a los operadores cuidar todos los detalles, desde el transporte especial, los víveres, la seguridad, la atención médica, la información y todo aquello que no perturbe un viaje placentero hacia un mundo próximo y a la vez distante. Es un producto novedoso, atractivo y es de esperar que cubra las expectativas del sector.
