Tomó aire y esperó el saludo de Federico Poggi, el jugador al que reemplazó a los 32 minutos del complemento. Raúl Quiroga. El “Huevo”, como toda la gente de San Martín lo conoce. Había jugado por última vez allá, por el 30 de junio de 2011. Después tuvo que soportar una increíble serie de lesiones que fueron postergando su regreso de manera impensada. Lo bancaron siempre. Y él siempre luchó por volver. Ayer fue su momento. Porque volvió a entrar a una cancha en un partido oficial. Jugó 20 minutos pero fue ese pequeño lapso en el partido, el que coincidió con el final, en el que vivió mil sensaciones. Primero, porque cuando se levantó el tablero para indicar el cambio la gente empezó a aplaudir. Lo hizo doble, porque salió el Petiso Poggi -autor de un golazo- y entró el “Huevo”. Ese que se sacrificó y le ganó al destino un desafío que suele, comúnmente, terminar con la vida activa de un jugador.
“Fuí cabeza dura. Por eso este regalo. Siempre tuve la esperanza de poder volver a jugar. Hubo momentos en los que pensé que no se me iba a dar más. Pero le dí para adelante y puse todo. Y estoy de vuelta. Por eso sentí felicidad. Sentí ganas de llorar. Por mi familia. Por mi esposa. Por todos quienes me ayudaron a salir adelante”, dijo en un monólogo apenas terminado el partido.
Quiroga sufrió rotura de ligamentos. También de los meniscos. Tuvo que soportar, desde aquel junio de 2011, cuatro lesiones gravísimas que lo fueron postergando. Con San Martín en Primera División. Y en la B Nacional. La dirigencia Verdinegra siempre lo apoyó. Lo esperó. Y él no defraudó. Una historia de vida particular. De fe y de esperanza. “Sé que necesito ritmo. Que todavía no estoy en mi mejor nivel, pero lo más difícil ya pasó. Tengo que seguir trabajando”, agregó el Flaco que entró por 20 minutos y tuvo destellos de su calidad. Sus zapatos amarillos lo certificaron. Metió dos lindos pases y luchó un par de pelotas. Al “Huevo” lo ovacionaron. Simplemente porque la gente lo entiende.
