� Los recientes atentados de Bélgica, en el corazón de Europa, demuestran la vulnerabilidad del Viejo Continente para hacer frente a los yihadistas que actúan o regresan a sus países como lobos solitarios.
Si bien en Irak y en Siria los ataques de la coalición que encabeza EEUU y otros países occidentales han mermado el poder de las milicias del Estado Islámico (EI), no ocurre lo mismo en el Viejo Continente, donde sus células se ven fortalecidas -en algunos casos- por la negligencia de las autoridades. Este concepto es reconocido incluso por los propios miembros de la Unión Europea (UE), después de los atentados del martes en Bruselas.
‘Si los gobiernos hubieran aplicado los planes que aprobamos (tras el ataque de París, el pasado 13 de noviembre) no habríamos llegado a estos momentos trágicos‘, dijo el jefe de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker. En medio de la confusión por los ataques atribuidos al EI, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, recordó que Ankara entregó a Bélgica en junio de 2015 al yihadista Ibrahim Bakraui, uno de los implicados en los atentados de Bruselas.
Según el gobierno turco, Bakraui fue deportado por el peligro que representaba para ese país que también combate a los yihadistas, aunque luego las autoridades belgas lo dejaron en libertad. Se cree que más de 6.000 europeos se unieron a las filas del EI en Siria, pero muchos han regresado en los últimos meses a sus respectivos países.
Dentro de este cuadro se especula que los yihadistas han perdido el 40 por ciento del territorio que controlaban en Irak y el 20 por ciento en Siria, desde el verano de 2014, tras proclamar un califato para aplicar una versión primitiva de la sharia, la ley islámica. Aparentemente los yihadistas están sufriendo en carne propia los ataques de Occidente, por lo que ahora han decidido atacar Europa.
