Un festejo multitudinario por los logros de una gesta deportiva que nos abraza a todos los argentinos con los colores patrios, como fue el desempeño del seleccionado nacional en la final de la Copa Mundial de fútbol, en Brasil, no puede tener el condimento de graves disturbios como los ocurridos el domingo por la noche en el centro porteño, si no están previamente planificados.
El balance de los violentos incidentes en las calles de la Capital Federal, con un saldo de 120 detenidos, 70 heridos de distinta gravedad y daños cuantiosos por los saqueos de locales, robos y destrozos por los ataques a bienes públicos y privados, fue el desenlace de una jornada cargada de una jubilosa esperanza, que finalmente llevó a concentrar en el lugar a miles de manifestantes para celebrar el subcampeonato mundial de fútbol, incluyendo familias con chicos.
Agazapada entre la muchedumbre estuvo la delincuencia oportunista, con las estrategia de inadaptados sociales preparados para el golpe: encapuchados, con elementos como palos y otros objetos contundentes, además de alcoholizados y drogados. Como ha confirmado el propio Secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, hubo una planificación para que se generara el caos que enfrentó a la policía con los depredadores que rompieron las veredas para munirse de proyectiles con pedazos de baldosas. Por ello la fiesta masiva terminó en una batalla campal con fuerzas de la Policía Federal que actuaron con suma prudencia para aislar la paja del trigo y con la inexplicable ausencia de la Policía Metropolitana.
De lo que no hay duda es de que las bandas delictivas que están al acecho de todo lo que les puede significar rédito, aun en una fiesta popular espontánea y masiva, como la que genera un acontecimiento deportivo de esta magnitud. Pero también la marginalidad sabe que desde hace muchos años hay un manto de impunidad con tinte ideológico de no criminalizar los desbordes sociales y dar a la palabra represión un significado político y antagónico a los derechos humanos.
Las figuras delictivas, individual o el banda, son una sola y perfectamente tipificadas. Las fuerzas policiales y la Justicia deben actuar con la energía que demanda la seguridad pública y las garantías constitucionales cuando se vulneran los derechos de las personas y la paz social.
