El triunfo de Mauricio Macri en esta primera vuelta, luego de siete elecciones provinciales adelantadas donde el kirchnerismo ganó la mayoría, plantea la cuestión de si se trata de una elección particular que no indica una tendencia nacional o si puede ser un punto de inflexión a favor de la oposición.

Desde la historia se observa que los porteños suelen votar en contra de la tendencia electoral nacional, sin que ello altere su predominio. El conflicto histórico entre el interior y Buenos Aires y las derrotas electorales que tuvieron en la Capital los grandes líderes políticos nacionales lo reafirman. Desde que la reforma constitucional de 1994 estableciera el voto directo para elegir el jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma, el candidato de Carlos Menem fue derrotado por Fernando De la Rúa en la primera elección y el de Néstor Kirchner por Mauricio Macri en 2007. Tradicionalmente, la Ciudad de Buenos Aires ha sido el distrito cuyo electorado se ubica por lo general a la izquierda de la tendencia nacional. Ahora sucede lo contrario: cuando el kirchnerismo predomina con un discurso de centro-izquierda, los porteños vuelven a votar por segunda vez a favor de un hombre de empresa que en cualquier país sería percibido como un hombre de centro-derecha. El objetivo de la publicidad del oficialismo, fue que debía ganar para alinear al distrito con el modelo nacional, pero los porteños parecen haber votado por lo contrario.

Los hechos indican que lo sucedido ahora en la ciudad de Buenos Aires no anticipa lo que sucederá el 23 de octubre en la elección presidencial. Lo que parece cierto es que el voto a Macri se engrosó con un porcentaje de electores que en otra circunstancia no lo hubieran votado porque no comparten, porque desaprueban su gestión, pero el rechazo de estos votantes a los modos, las políticas o las palabras del Gobierno nacional pudo más para terminar con cualquier dilema íntimo.

El Gobierno tendrá que emprender una tarea titánica de construcción del relato si se propone convencer a la ciudadanía de que logró un resultado positivo en la Capital, con el único argumento de que esta fue la mejor elección de la historia del kirchnerismo según la fría lectura de los números. Pero resulta que éstos son irrefutables: en esta primera vuelta el kirchnerismo perdió, y por mucho.