Con distintas modalidades, o trabajando en conjunto, gobiernos y entes privados del mundo llevan a cabo programas de asistencia alimentaria para atender las consecuencias de la hambruna en el Cuerno de África, donde se aunan trágicamente las contingencias climáticas con las guerras tribales, causando estragos en la población inocente.

Precisamente la asistencia humanitaria internacional se ve dificultada por las hostilidades de guerras civiles impulsadas por un fundamentalismo demencial que impide a la gente recibir ayuda del mundo occidental porque lo consideran una claudicación ideológica. La emergencia social africana no es de fácil solución por los innumerables conflictos internos, las migraciones masivas y la atomización política, además de la sequía histórica que ya frustró tres cosechas anuales.

La organización internacional no gubernamental Acción contra el Hambre, que colabora con las Naciones Unidas entre otras ONG, advirtió que la grave crisis alimentaria que está atravesando el Cuerno de África se extenderá, al menos, durante todo el año que viene, por la delicada situación nutricional y los precarios medios de vida de la población. A pesar de la ayuda mundial, señala que la situación no mejorará durante los próximos meses porque la población apenas cuenta con recursos para sobrevivir y se da curso a los paliativos antes que a encarar los planes definitivos. Las zonas críticas son Mogadiscio, en la frontera con Etiopía y Kenia, donde los somalíes han buscado refugio, y Bakool, en el sur de Somalia, una de las más afectadas por el hambre. La solidaridad mundial debe tener en cuenta que no basta la ayuda esporádica, sino una continuidad que lleve a resolver los problemas de fondo.