El brote de influenza ha obligado a reprimir las emociones de los efusivos mexicanos, que llevan una semana con la mascarilla puesta, evitando besos y hasta apretones de manos para no contagiarse.

"Los mexicanos somos muy efusivos, muy espontáneos, muy querendones. Nos encanta besar, abrazarnos. Esto está frenando nuestras emociones", lamentó la comentarista Guadalupe Loaeza.

"Ahora sólo nos podemos besar de lejos (…) "Ahorita nuestra líbido está muy baja", agregó la columnista del diario Reforma.

Varios incluso llamaron a programas de radio preguntando si también era peligroso mantener relaciones sexuales. "Habrá parejas que digan ‘no pasa nada si nos aguantamos esta semana’ (…) Hay que tomar esto con la filosofía de que en este momento tenemos que sobrevivir", dijo la sexóloga Ana María Ocaña a la emisora Radio Centro.

Aunque no se han suspendido los rodajes, las telenovelas mexicanas van a restringir algunas escenas que impliquen besos. Además reducirán el contacto físico en las escenas amorosas.

Nicandro Díaz, el productor de "Mañana es para siempre", explicó que los guionistas tratarán de buscar la fórmula de mostrar amor de otro modo, expresarlo, por ejemplo, con miradas, sin tener por qué recurrir al contacto físico de los labios.

En general, las medidas preventivas fueron masivamente acatadas por los mexicanos. La comentarista Guadalupe Loaeza cree que hay razones ideosincráticas que facilitaron la rápida adopción de la mascarilla. "Los mexicanos somos muy evasivos, no nos gusta dar la cara. Nos acomodamos muy bien con el cubre bocas", dijo.

El historiador Lorenzo Meyer, del Colegio de México, cree, sin embargo, que las mascarillas son un placebo. "Aunque no sirven de gran cosa, son una señal de que se hace algo. Es más psicológico que nada", dijo.

Por si las moscas, como el resto de los equipos, el club de fútbol Cruz Azul jugó ayer a puertas cerradas contra Indios de Ciudad Juárez su partido por la penúltima fecha del torneo Clausura.

"El uso del tapabocas es incondicional", advirtió el Cruz Azul a periodistas, tras informarles que suspendió conferencias de prensa y entrevistas con los jugadores por la influenza.

"La gente ya sólo dice ‘buenos días, buenas tardes’, pero de lejitos", explicó Lorena Reyes, una vendedora de juguetes en un mercado del barrio colonial de Coyoacán.

Evitando todo tipo de contacto físico, los mexicanos deberán pasar la próxima semana atrincherados en sus casas, la forma más segura, dice el Gobierno, de evitar el contagio.

Las autoridades repartieron millones de mascarillas quirúrgicas, que dan a las calles, el metro y los centros comerciales un ambiente apocalíptico. Hasta los taxistas usan guantes de látex.

Algunos decoraron sus mascarillas pintándoles bigotes tipo Pancho Villa, mariposas y hasta logotipos de los Rolling Stones. En el centro de Ciudad de México, alguien le puso mascarilla a una estatua de bronce de una madre con un niño.