Se llama Francisco Nicolía, es abogado, está cargo de la Secretaría de un juzgado de Primera instancia y la semana pasada, mientras trabajaba en Tribunales, estuvo a punto de electrocutarse. A pesar de las advertencias que recibió la Corte de Justicia por el mal estado de la instalación eléctrica y el riesgo que representa para los trabajadores, nadie se preocupó por reparar como corresponde una llave térmica que estaba rota y casi se desata una tragedia. El interruptor se desenganchó de la pared, el empleado lo quiso levantar y recibió una fuerte descarga que le dejó doliendo el brazo derecho y la espalda. Como el dolor persistía, al otro día tuvo que volver al médico y fue despachado a su casa para recuperarse.
Este diario intentó hablar en dos oportunidades con Nicolía, pero no fue posible. La primera vez, en el juzgado donde trabaja aseguraron que no se encontraba y la segunda, él mismo mandó a decir que no tenía nada que declarar al respecto y que estaba en una audiencia. Sin embargo, el titular del gremio judicial, Sebastián López, y distintos empleados dieron detalles de lo que sucedió.
Todo sucedió el jueves anterior en la tarde, en el juzgado Correccional Nº 2, ubicado en el primer piso del palacio judicial. Nicolía se encontraba tipeando en una PC cuando vio que la caja que contenía la térmica se descolgó, la tomó para ponerla de nuevo en el soporte y ahí sintió lo que popularmente se llama un “patadón” de electricidad. Al rato, como el dolor no cesaba, se hizo atender con un médico particular. En ese momento estaba solo y nadie se enteró, pero al otro día les contó a sus compañeros porque seguía con malestar en el brazo y la espalda, intervino la ART Experta, le hicieron estudios y el profesional que lo vio le dio un parte médico.
La caja con la llave térmica era de un aire acondicionado, estaba a media altura, casi pegada a la humanidad de Nicolía, y hacía meses que estaba rota. Es más, un trabajador contó que cuando pedían que la arreglaran, personal de mantenimiento la aseguraba con cinta al soporte y al poco tiempo, volvía a despegarse.
El protagonista la podría haber sacado mucho peor. Otro trabajador judicial relató que uno de los médicos le dijo a Nicolía que fue una bendición que tuviera zapatos de goma, debido a que ese material es aislante.
A la Corte ya le habían advertido que algo así podía pasar, pero parece que no fue suficiente. Un relevamiento realizado en enero dio cuenta del grave estado del edificio, ya que parte del tendido eléctrico es obsoleto y hay peligro para el personal (ver aparte).
La falta de mantenimiento es más grave todavía. Tras decenas de reclamos del gremio frente a la inacción de los cortistas para disponer una mejora integral de la infraestructura, una inspección de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo determinó en marzo que Tribunales y dos edificios judiciales más no cumplen con las normas básicas de higiene y seguridad y que los empleados están en riesgo.
