El juez chileno Rodrigo Cerda llegó a la provincia para disertar en el Colegio de Magistrados sobre el cambio del sistema penal que se aplicó en su país, lo que permitió reducir el tiempo de resolución de las causas. La principal modificación fue que la investigación pasó a manos de los fiscales (en lugar de los jueces) y según el profesional, que preside la Asociación Nacional de Magistrados, se hizo una inversión inédita. Del sistema argentino, opinó que no permite detectar los déficit internos.
– Ustedes han introducido cambios en el sistema penal, ¿quién lleva adelante la investigación en Chile?
– La lleva un órgano autónomo que se llama Ministerio Público. Se conforma por el fiscal nacional, los fiscales regionales y los fiscales adjuntos, que son los operativos que trabajan con la Policía. Los fiscales tienen formación en investigación… Antes, la investigación estaba a cargo del juez que acusaba y sentenciaba y no era un coordinador eficiente de la investigación. No tenía una formación de investigador.
– ¿Hubo una capacitación previa?
– Sí, inicialmente fue muy fuerte. Los fiscales viajan a Estados Unidos, a Alemania y se capacitaron fuertemente en estos nuevos roles que antes no existían en Chile. Es muy importante la tarea que cumplen, porque deben instruir al policía. El que define el orden de las hipótesis a investigar es el fiscal.
– ¿Tuvieron que invertir mucho dinero para este cambio?
– Inicialmente, la cantidad de recursos que se invirtió fue notable. Nunca en la historia judicial chilena se tuvo que invertir ese nivel de recursos para implementar una reforma. Y no lo hubo después tampoco. Después se hicieron reformas en el fuero de Familia, en materia Laboral, Tributaria y la inversión no tuvo ninguna comparación y se notó en los problemas que tuvieron estas áreas. Cuando uno llega a consensuar políticamente un cambio de esta naturaleza, tiene que poner toda la carne a la parrilla.
– Habiendo sido protagonista de un sistema y el otro, ¿valió la pena una inversión así?
– Desde lo que vivimos como historia y los resultados, digo que sí. Como juez, yo me siento más legitimado. Fui juez Penal en el antiguo sistema y lo fui en el nuevo sistema y al día siguiente de haber cambiado, yo me sentía más juez y el abogado se sentía más abogado y la víctima tenía más derechos y el imputado, sobre todo, se evidenciaron sus derechos.
– ¿Cuánto tardaba un proceso penal con el viejo sistema y cuánto tarda con el nuevo?
– En promedio, un proceso penal, con todos los niveles de juzgamiento, podía demorar cinco o seis años sin ningún problema. Un proceso hoy, difícilmente pasa el año. En promedio, porque hay procesos que terminen en un día. En un juicio inmediato, a un delincuente lo detienen hoy cometiendo el delito, al otro día lo llevan, el fiscal lo requiere de inmediato y si acepta responsabilidad, hay una condena inmediata.
– ¿Han ganado en efectividad en la resolución de los casos?
– Sería aventurado afirmar que se hizo más eficiente desde la perspectiva de decir: ¿cuántos hurtos se cometían antes y cuántos terminaban sentenciados? Mi percepción es que no cambió mucho la eficiencia policial y si aumentó la exigencia judicial. Acceso y rapidez se obtuvo. Mejor calidad, tanto en la investigación como en la sentencia, yo diría que está pendiente.
– ¿Cómo hicieron para crear el cuerpo de policías que investiga?
– Fue un tema que se discutió mucho y al final no logró consenso. Chile tiene dos organismos policiales. La Policía civil, que es netamente investigativa, pero con el tiempo fue asumiendo tareas de patrullaje y prevención. Y la Policía uniformada que cumple tareas y prevención, pero tiene laboratorios de criminalística y tiene sus investigadores. Hay un sector de competencia que confluye y yo encuentro que eso no es bueno. Ya sea una Policía que le llames judicial, fiscal o el nombre que tú le asignes, necesitas una Policía capacitada para investigar bajo la coordinación de un abogado especializado que se llama fiscal, instructor o cómo le quieras llamar.
– ¿Qué visión tiene del sistema judicial argentino?
– Conocimientos específicos de funcionamiento no tengo en concreto, salvo que en mucha provincias sigue un sistema inquisitivo. Y quienes están en el sistema inquisitivo, lo digo por experiencia propia, no logra percibir todo lo que estamos dejando de entregar y es obligatorio hacerlo. Yo no logré darme cuenta de las deficiencias que teníamos hasta que pasamos al nuevo sistema. Hay mucho errores de percepción al no salir de la función. Cuando uno sale y mira desde arriba, se logra percatar de todos los déficit. Me da la sensación que el sistema argentino no ha logrado mirarse desde arriba y cuesta salir de la función. Muchas provincias dicen ‘nosotros tenemos oralidad‘ y yo desde afuera diría no es una oralidad sino que es una verbalización de antecedentes escritos, que son cosas distintas. Entonces, rompen o no rompen el paradigma.
