Tarcisio Pietro Evasio Bertone es cardenal y hasta hace unos años fue secretario de Estado del Vaticano. Al religioso le adjudican una profunda amistad con Benedicto XVI, quien le extendió su mandato a pesar de haber llegado al límite de edad para retirarse. En base a esa amistad también le endilgan ‘poderes especiales’ dentro de la compleja estructura de la Santa Sede. Poder, dirían los políticos. Parece, por las múltiples publicaciones de diarios de España e Italia, que no tiene buena relación con el papa Francisco, quien le pidió amablemente que se retirara del cargo a mitad de 2013. Bertone tiene un departamento de 300 metros cuadrados a pocas cuadras de la residencia Santa Marta y el Vaticano investiga si usó dinero (unos 480.000 dólares) que iba destinado a una fundación de niños enfermos para arreglar parte de ese lujoso departamentito con cuatro baños. Por ahora Bertone no está entre las personas a las que apunta la investigación, pero lo estará gracias a las publicaciones del diario italiano L’Espresso, que fue el que destapó todo lo que se conoce hasta ahora. En pocas palabras, si Bertone, un exsecretario de Estado del Vaticano, no logra salvarse de la mirada justiciera de Bergoglio, ¿qué pasará con el resto de los casos menores o mayores de corrupción en la Iglesia Católica? En San Juan la Justicia está investigando una denuncia presentada por monseñor Alfonso Delgado y, por lo que aparentemente se va a conocer en un par de días, más lo que este diario ya publicó, habrá un sisma en la estructura eclesiástica sanjuanina. Si es cierto lo que se dice en Tribunales, el contador Juan Brozina involucrará a otros sacerdotes en presuntos manejos turbios. Atento a esto, Delgado tratará de ganar credibilidad ante la feligresía atacando a los medios de comunicación y usará a los curas que le responden para esa maniobra. Con la misma intención ensayó excusas ante gente muy influyente, que sólo escuchó, nada más. Por el bien de todos, ojalá que el denunciante no se arrepienta y que la Justicia llegue a la verdad, sea cual fuere.
Para recordar: en diciembre del año pasado, gracias a una auditoría ordenada por el propio Delgado, detectaron que faltaban entre 500 mil 700 mil pesos de las cuentas del Arzobispado. Recién en la primera quincena de febrero de este año Monseñor presentó una denuncia contra el exadministrador, el contador Juan Brozina, y también contra el extesorero Darío Tapia, acusándolos del faltante de dinero. Después, en una nota publicada por este diario, Brozina aseguró, entre otras cosas, que Delgado sabía que él derivaba dinero de las cuentas del Arzobispado a una suya y que no había registro de ese dinero porque Monseñor lo usaba para pagar apoyo de otros sacerdotes a las decisiones que él tomaba. Ese mismo domingo donde se publica la nota de la denuncia, este diario fue a buscar a Delgado a Albardón, donde el religioso se defendió acusando a Brozina de dar ‘…manotazos de ahogado…’. También fue tapa de DIARIO DE CUYO.
Por ahora el juez Benedicto Correa no mandó detener a nadie, porque otorgó las eximiciones de prisión que le pidieron Tapia y Brozina, y recogió los testimonios de todos los mencionados y también del vicario Román Becerra, quien ayudó a su amigo Delgado en su testimonial: Brozina había dicho primero en la Justicia y a este diario después que no sólo él tenía clave de la cuenta del Arzobispado, que Becerra tenía la otra y que se necesita de las dos claves para hacer transferencias. Y Becerra declaró ante el magistrado que él no usa esa clave porque está casi ciego, que la usaba Brozina. Con eso apunta al contador como el único que tenía acceso a las cuentas de la organización. Timbre para el juez: no hay forma técnica para demostrar cuál de los dos dice la verdad.
En Tribunales miran de reojo al magistrado Benedicto Correa, por el tamaño de la denuncia que tiene entre sus manos. Y hasta es objeto de burlas, en su mayoría sin malas intenciones, porque sobrevuela los pasillos de ese poder del Estado que el novel juez tiene la causa más difícil que haya registrado San Juan en los últimos tiempos. Y escandalosa, en este caso, es igual a importante: a estas alturas ya es obligación de Estado (es decir, los tres poderes) saber qué pasó. No tiene que olvidarse nadie que se trata en su mayoría de fondos que aportamos todos los católicos, mandando nuestros hijos a escuelas parroquiales, dando ofrendas o pagando los impuestos, de donde sale la plata para pagarle el sueldo, entre otros, a Delgado. Pero además está la credibilidad de la Iglesia en juego, algo mucho más importante que la plata disputada. La credibilidad de esta Iglesia sanjuanina que pierde adeptos a cada paso que da, que encontró en Francisco un respiro a tanta ostentación de lujos innecesarios y que ha empezado a juzgar a sus curas pedófilos o corruptos, lo que en sí es una excelente noticia. No que haya corrupción y delitos sexuales es una buena noticia, por supuesto, es una bendición que se haya empezado a depurar al menos ante los ojos de las personas.
Y esa es la otra pelea de Delgado, la pública. El Arzobispo necesita hacer creer a los fieles sanjuaninos que es inocente. No sólo lo tiene que demostrar en la Justicia, sino públicamente. No se puede tener un jefe de Iglesia sospechado, porque el resto de la comunidad termina pagando esas sospechas, esa falta de credibilidad, la desconfianza. Delgado necesita tantos juicios como habitantes de esta provincia. Necesita convencernos a todos de que es inocente. Si la Justicia en este país tuviera otra credibilidad, tal vez le alcanzaría sólo con una sentencia, pero en San Juan la aprobación judicial no es igual a credibilidad, lamentablemente.
En ese tren es que la figura máxima de la Iglesia está intentando estrategias para salvarse de las acusaciones. La primera de ellas es aparecer en todas las fotos que pueda. Llama la atención su repentina preocupación por asistir a los actos públicos. ‘Sólo hablo de esto…’, suele decir a los colegas que lo quieren interpelar. El ‘hablo de esto’, no es precisamente de la denuncia de Brozina, sino del acto al que haya asistido al momento de ser abordado por la prensa. Y la otra jugada es al menos llamativa. Le ha pedido a los sacerdotes que lean una carta ante los fieles, aprovechando Sábado y Domingo de Misericordia, donde acusa a los medios (sin identificar cuáles) por el tratamiento que se le dio a la denuncia que él mismo presentó. ‘…Quisiera también compartir con ustedes la preocupación y el desagrado con que ha sido tratada (o maltratada) la información sobre la denuncia penal realizada por el Arzobispado’, asegura. ‘En ese caso se habría faltado, además, a la ética profesional de corroborar la información y escuchar las dos campanas’, dice la carta. Falaz en el caso de este medio. Y por lo que se ve del resto de los colegas sanjuaninos, tal falta tampoco existe en ellos. Párrafos más arriba en el mismo papel asegura que ‘Lo que se pueda decir fuera del ámbito judicial sólo tiene el valor de la palabra gratis, donde cabe la ofensa, la calumnia, etc. Algunas de esas declaraciones mediáticas del imputado fueron tomadas como verdad’. Hay que aclararle al religioso que de parte de este diario ha recibido el mismo tratamiento que el denunciado. Y que el denunciado habló en una entrevista después de haber declarado en la Justicia. Por tanto, no se trata sólo de palabras mediáticas, se trata de declaraciones ante un juez.
Casi en el final del escrito Delgado avisa que ‘El Arzobispado mantendrá al tanto a la comunidad cristiana las decisiones que tome la Justicia, una vez que sea levantado el secreto del sumario…’. Por tanto, sería muy bueno que informe: primero, ¿qué pasó con los 600 mil dólares que, supuestamente, dejó Di Stéfano para construir la Capilla del Seminario?; segundo, ¿es verdad que Di Stéfano le dejó un activo 1.166.148,40 dólares?; tercero, ¿qué pasó con la venta de un terreno de 7.277 metros cuadrados en calle Hipólito Yrigoyen al 1131 que donó un empresario?; cuarto, ¿es cierto que para la venta de ese terreno, por la que se obtuvieron unos 470 mil pesos, dieron su consentimiento sólo cuatro sacerdotes y no ocho como se dijo en su momento?; quinto, ¿dónde está ese dinero?
Párrafo aparte para el contador: no es muy ético transferir dinero hacia una cuenta propia. No debió aceptar jamás esa maniobra. Al margen de lo que termine pasando con esta causa, también deberá dar respuestas acerca de su accionar profesional, obviamente.
Lo que viene es mucho más grave de lo que se ha dicho hasta ahora. Si todo sale como Brozina quiere, entre lunes y martes va a presentar un escrito dando los nombres de los sacerdotes que Delgado supuestamente pagaba y para qué era ese dinero, ya que se habla de cuotas alimentarias. Va a dar detalles de la venta del terreno de calle Yrigoyen y va a decir qué religiosos son los que, según él, habrían sacado plata del país a pedido, supuestamente, del Arzobispo de San Juan. Denuncias gravísimas que ya rondan los pasillos del juez Correa. Ojalá que el contador y Delgado terminen diciendo todo lo que saben. Y que la Justicia actúe, que la corporación no oculte como sí lo hizo en la causa expropiaciones, por ejemplo.
‘La corrupción apesta, la sociedad corrupta apesta, como apesta un animal muerto, y un cristiano que deja entrar adentro suyo a la corrupción no es un cristiano, apesta’, dijo el Papa en marzo de 2015. Confío en Francisco, él sí es mi pastor.
