Se esperaba que los miles de nigerianos del barrio vecino al Ellis Park coparan el estadio, pero los hinchas argentinos, con sus canciones y banderas, se hicieron dueños de la fiesta, que fue toda celeste y blanca. Cuatro horas antes del comienzo del partido, ya eran cientos los simpatizantes argentinos que habían llegado al emblemático estadio de Johannesburgo con todo el merchandising de la selección nacional.
Los típicos cánticos de cancha empezaron a sonar desde temprano en las calles de los alrededores del Ellis Park preparando el ambiente festivo que se viviría más tarde dentro del campo. Con este telón de fondo, el entrenador de la selección, Diego Maradona, desató la euforia colectiva cuando saltó al campo de juego, más de una hora antes del inicio del partido, en medio de aplausos y gritos de "Olé, olé, olé, olé, Diego, Diego”.
Para completar su explosiva aparición, Diego se acercó a una de las tribunas para saludar a su hija Giannina y su nieto, Benjamín, hijo del Kun Agüero. Este era solo el comienzo del show. Pronto sería el turno de Messi, Tévez, Verón, Mascherano, y compañía, quienes salieron a la cancha con la cabeza en alto, formaditos y de la mano de unos niños sudafricanos.
La pelota empezó a rodar y la hinchada se animó aún más: "Y ya lo ve, y ya lo ve, el que no salta es un inglés!", cantaban los argentinos. Pasaron sólo 5 minutos y la victoria se hizo palpable a través del gol de Heinze, con el que el estadio explotó de júbilo y alegría.
"Argentina, Argentina, Argentina!", gritaba la hinchada, que se animaba a corear frente a los nigerianos el famoso "Volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser campeones, como en el 86!".
