Había heredado casi todo de su padre: el parecido físico, el apodo de “Viborón”, la habilidad para tocar la guitarra y su predisposición para animar con tonadas y otras canciones las juntadas con amigos. Por todo eso era querido y conocido en Albardón Ramón Irazoque, pero con 68 años y luego de pasar 48 trabajando en una productora de pasas, esos tiempos eran parte del recuerdo y su realidad era otra: ahora peleaba contra un cáncer de próstata que se le había diagnosticado 6 años atrás luego de una operación que, para sus hijas, fue una mala praxis. Y cuidaba de su esposa y madre de sus 6 hijos, Antonia Baigorria (65), internada desde el último domingo a causa de una insuficiencia renal terminal, explicaron Valeria y Patricia, sus hijas.

Justamente ver a su esposa era una de las misiones que ayer en la mañana lo había sacado de la cama en su casa de la calle España, en la zona de La Laja, Albardón. Salió temprano, antes de las 8, con un doble objetivo: ver en el hospital Marcial Quiroga, en Rivadavia, al médico que trata su enfermedad por una indicación para la medicación permanente que le ayudaba a controlar su cáncer, ese que ignoró hasta el año pasado cuando sus hijas decidieron revelarle la verdad. Y, luego, llegar hasta el exsanatorio Brown en Capital para ver y darle el desayuno a su señora.

Pero la mañana de ayer fue la última para Ramón. Circulaba en su Peugeot 405 por avenida Costanera, en Chimbas. Y todo indica que cuando resolvió cortar camino por Tulum hacia el Sur (atrás de la fábrica de carburo) para llegar hasta el hospital, algo lo hizo perder el control y murió luego de estrellarse violentamente contra la baranda de cemento de un puente.

En la Policía suponen que en el fallecimiento del jubilado fue clave que no llevara su cinturón puesto; de hecho, la cabeza de Irazoque quedó marcada en el parabrisas. De todos modos no descartaban que hubiera sufrido también una descompensación.

Su familia estaba convencida ayer de que algo o alguien pudo atravesársele en su camino obligándolo a realizar una peligrosa maniobra. “El auto estaba bien porque le había hecho arreglar el tren delantero. Y él llevaba años manejando y era muy prudente, cuando no se sentía bien no conducía. Es muy raro lo que pasó”’, dijo Valeria Irazoque.