El 1-6 de La Paz todavía duele. Nadie, ni el más fanático de los bolivianos siquiera soñó con un resultado tan abultado. Tampoco, ni el más contra de los argentinos imaginó una derrota tan contundente. Esa goleada sembró dudas sobre la capacidad de Maradona para dirigir a la selección. Y, aún cuando los medios le siguen dando crédito, el encanto no es el mismo. Por esa derrota es que los dos partidos que la selección jugará en los próximos cinco días servirán de termómetro para dos cosas: primero para recuperar la confianza en un entrenador que se apoya más en su glorioso pasado como futbolista que en su experiencia de orientador táctico. Y, segundo, para medir las posibilidades futuras de un grupo de notables jugadores, todos figuras en sus clubes, que con la casaca nacional todavía no funcionan como un equipo. Sin Riquelme, Diego ha confiado en el veterano Juan Sebastián Verón para que se mueva como enganche. Ante Colombia pone arriba a los tres “chiquitines” (Messi, Tevez y Agüero), quienes deberán demostrar que pueden ser muy “poderosos”, como rezaba la publicidad de una marca de secarropas, alabando su menudo tamaño y sus amplias prestaciones. Diego metió mano, se arriesga a romper el doble cinco que tan buenos resultados ha dado con Gago y Mascherano. Al adelantar a Verón, dándole libertad para moverse como enganche, encierra al volante del Real Madrid contra la raya, lugar que deberá cubrir, si se tiene en cuenta que tanto Díaz como Heinze serán stoppers (con marca fija) y Demichelis sobrará en el fondo. Ante dos rivales necesitados de puntos para mantener esperanzas mundialistas, como son Colombia, que vendrá a buscar un punto, y Ecuador que emulará a Bolivia preparándose especialmente para aprovechar la altura de Quito, el técnico apuesta fuerte. La extrema confianza en la capacidad individual de sus jugadores lo ilusiona, como ilusiona a todos los argentinos. Ahora bien, la confianza mata al hombre… Y lo que menos puede permitirse hoy por hoy Maradona es pecar por ingenuo. Si en la noche del miércoles el seleccionado no sumó cuatro puntos en su camino a Sudáfrica 2010, el idilio que mantiene con la prensa y la gran mayoría de la gente puede empezar a resquebrajarse.
