Los griegos decían que la prevención es la madre de la medicina. En este sentido conviene señalar que si bien para atacar a la influenza A H1N1, denominada originalmente gripe porcina, no existe todavía una vacuna o un tratamiento médico efectivo, hay una serie de factores a tener en cuenta, que pueden llegar a evitar la propagación de este virus, impidiendo que alcance la categoría de pandemia.
El nivel de alerta decretado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para gripe A es, por ahora, el 5. El 6, que es el nivel más alto, se declara cuando se demuestra que la transmisión efectiva del virus da lugar a una epidemia planetaria.
Hasta ayer, en nuestro país, se habían registrado 15 casos de influenza A, mientras que en todo el mundo la cifra alcanza los 17.416 casos.
Al igual que las gripes estacionales, que cada año provoca el contagio de 3 a 5 millones de personas en todo el planeta, la gripe A también se contagia por contacto a través de la tos, estornudo y descargas nasales, o también por el contacto con secreciones respiratorias, gotas y aérea, y se puede transmitir por objetos contaminados.
La evaporación que se produce de las gotas pueden permanecer en suspensión durante largos períodos y ser inhalados por pacientes ubicados a cierta distancia del paciente con influenza, incluso en otra habitación. De ahí, es que ante la posibilidad de resultar contagiado por el virus el doctor Daniel Stamboulia, el mayor especialista argentino en infecciones, sostenga que la recomendación que se está haciendo a nivel mundial a los afectados por el virus de aislarse en su casa, en vez de permanecer internados en alguna institución hospitalaria, es la más conveniente. Dice que "no hay mejor aislamiento que la casa de cada uno, ya que si vamos a un hospital contagiamos al personal de salud y a la gente que nos presta cuidados."
De acuerdo a la opinión del especialista lo mejor es quedarse aislado en la casa, nada más que por una semana pero lavándose mucho las manos y evitando el contacto con otras personas.
Hay que tener en cuenta que el período de transmisibilidad del virus es de 3 a 5 días, a partir del comienzo de los síntomas, y hasta 7 en los chicos. Mientras que el período de incubación es de 1 a 3 días.
Otro aspecto a considerar es que el virus de la influenza es bastante estable y mantiene su capacidad inefectiva durante períodos variables de tiempo, que dependen de las condiciones de temperatura y humedad.
Por todo esto es que la mayoría de los especialistas manifiestan que es importante insistir con las medidas de higiene y cuidados personales, como también la desinfección de objetos inanimados que hayan estado en contacto con las secreciones de los pacientes.
Lavarse frecuentemente las manos, con agua, jabón y detergente, o alcohol -en los casos que sea posible-; cubrirse la boca y la nariz al toser y al estornudar, y desinfectar con lavandina objetos como teléfonos, controles remotos o mousse y teclados, son las mejores medidas para prevenir el contagio ya que el virus pude permanecer vivo en diferentes superficies.
En el laboratorio de Virología en los Hospitales Universitarios Suizos aseguran que una cepa H1N1 puede sobrevivir hasta 10 horas en un billete. a pesar de ésto, para que un billete transmita la gripe se tienen que dar ciertas condiciones como por ejemplo que una persona infectada estornude o tosa sobre el billete o que tenga en las manos restos de mucosidad tras haberse sonado la nariz y que luego toque el billete.
Como antecedente de lo que se puede lograr con estas medidas de profilaxis, está lo que ocurrió con el brote de SARS (Síndrome Agudo Respiratorio Severo) que afectó principalmente a Canadá y China. Esta neumonía terriblemente severa que se producía por un virus modificado del resfrío común, que produjo cierto número de muertes y que se contagiaba persona a persona, se combatió gracias a estrictas medidas de lavado de manos y el control de los pacientes con aislamientos. Esto hizo que el virus no se extendiera.
La historia de las epidemias en nuestro país, que en distintas épocas produjeron enormes pérdidas de vidas, nos enseña que más allá del origen que tienen estas enfermedades, a las epidemias las alimenta el descuido y las malas condiciones de vida de los habitantes.
