‘La Moro’, el transformista. El imitador oficial de Moria. La Rita de Rouge Amargo (el film de Gustavo Cova, un policial negro). La Ela de La viuda de Rafael (miniserie de INCAA TV). El ‘profe’ en el ruedo de la danza…. Gustavo Moro tiene muchas facetas, y siente que es la conjunción de todas. Y aunque prefiere la palabra actor para definirse, sabe que es mucho más que eso: desde aquel muchacho que a los 18 años comenzó a trabajar con Porcel y Jorge Luz hasta el que ganó experiencia arriba y debajo del escenario con otros grandes del espectáculo, Gasalla, Sofovich, Norma Pons, Perciavalle, Pinti, Moria, Susana Giménez… Experiencias que poco a poco y naturalmente le fueron marcando su propio camino. Actor de teatro, cine y de televisión, transformista, bailarín, docente, coreógrafo, tenía con qué y armó su show, con un objetivo primordial: entretener y hacer reir, sin ofender, sin herir. ‘Dar alegría’, dice que es su misión este artista respetado en el ambiente, que nuevamente pisará la provincia hoy, para sacarle una sonrisa a los sanjuaninos.

– Sos bailarín, coreógrafo y docente… así empezó tu carrera… – Sí, empecé por la danza, que me llevó a trabajar con diferentes personalidades, todos grandes, vedettes, cómicos… gente talentosa que me hizo tener este rubro en el corazón. Me gusta esto que tiene que ver con lo musical, con lo que la gente agradece tanto que es la alegría y el humor, pero desde la cosa sana, no me gusta la agresión. Hago transformismo, playback, baile, monólogos, imito a Moria. – Sos su ‘imitador oficial’… – Sí (risas). Yo me reí cuando lo dijo una vez y pensé: ‘¡Ah bueno, ya tengo un touch!’. Ella siempre me dijo que le encanta que la imiten, porque lo toma como una expresión de amor, pero que yo era el más detallista. Todo empezó en una charla de camarín, estábamos con José Luis Ferrando, vestuarista de Ideas del Sur que falleció hace poco, y nos contaba de un piloto de un talk show que tenía que hacer y se le había ocurrido tener a varios ‘Morias’ en la tribuna, y nos preguntaba quiénes podían ser. Y José Luis me dijo: ‘¿Por qué no lo hacés vos?’. ‘¿Vos me hacés?’, preguntó Moria, y yo hacía transformismo, pero no tanto como para imitarla, de joda nomás. Bueno, me dijo que me prestaba una peluca, José Luis que me hacía el vestido, corte, cámara dos y ahí estaba yo haciendo a Moria (risas). Ese día vi que a la gente le encantó y ella se reía tanto… y bueno, empezamos a hacer cosas… – Y empezaste a estudiarla… – ¡Obvio! De ahí en más empecé a grabarla, a analizarla. Al ser actor uno observa mohines, detalles, para componer el personaje. Obviamente no somos parecidos, pero el armado del personaje se ve similar. Y me trajo muchas cosas buenas, porque trabajo mucho haciendo de ella… – ¿Con esto que le pasó en Paraguay, estuvieron en contacto? – No, pero le mandé un mensaje y me contestó que estaba bien. Y que más allá de todo lo que fue, muy movilizante, siguió su curso. Ella estaba angustiada de pensar en perderse la posibilidad de estar y viajar con sus nietos, pero bueno, son cosas que pasan…

– Vos por las dudas no vayás caracterizado… – ¡Ay, qué…! Me llamaron para hacer el Bailando por un sueño pero no se arregló porque yo tenía trabajo acá. Querían que apareciera imitándola a ella como su doble, ya que ella no podía viajar… ¡Y mirá! (risas). ¡Ahora con todo esto! ¡Imaginate si me iba allá!

– Luego de estar tantos años con estas figuras, ¿sentiste la necesidad de despegar? – Se fue dando casi simultáneamente, trabajando como bailarín, coreógrafo… siempre que salíamos de los teatros teníamos shows de animación, cantando, bailando y me ofrecieron hacer transformismo. Yo dije ‘¡ni loco!’ porque la imagen que tenía era de un trabajo muy esforzado, de mucho detalle, mucha elaboración, porque hay que ver peluca, calzado, ropa, playbacks, estudiar mohines, componer personajes, porque si uno lo quiere hacer bien, desde un lugar estético, es mucho más difícil. Pero bueno, al tiempo me convencieron y así empecé. A la gente le gustó y descubrí otra posibilidad, y bueno, empecé a hacer shows… y me gustó y a la gente también. Y el crear una fantasía, es muy lindo sacar una sonrisa. – Te terminaste encontrando también en esa faceta… – Sí, me encanta. Pasan años y uno ve todo lo que va sumando…

– Bailarín, actor, transformista, drama, humor, comedia, personajes marginales… ¿Con qué te identificás más? – Soy un poco de todo, y me encanta enseñar también. Soy un actor que baila, un observador, un ser humano que al que le gusta vivir y saber que siempre hay posibilidades más allá de las dificultades. Siento que Gustavo vino a este mundo para alegrar…