Hoy comienza el cónclave: un sistema eleccionario que fue instituido por un motivo particular. El 29 de noviembre de 1268, se abrió el período de sede vacante más largo de la historia y la más famosa reunión electoral de los cardenales, en Viterbo (Italia), que concluyó el 1 de septiembre de 1271, luego de dos años y nueve meses, con la elección de Gregorio X, en la que todos deseaban acceder al pontificado pero ninguno cedía.

Será este pontífice quien en la Constitución "Ubi periculum” (Donde hay peligro) del 7 de julio de 1274, instituyó el cónclave o "cum-clavis”(Cerrado con llave) como medio legítimo para la elección del pontífice, destinado a prevenir largas vacancias de la sede apostólica. En la mañana de este martes, a las 10, todos los cardenales de la Iglesia, no sólo los electores, participarán de la Misa "Pro eligendo Romano Pontifice”, en la Basílica de San Pedro. Preside el cardenal Angelo Sodano, Decano del Colegio Cardenalicio. En esta Misa se usan las vestimentas sacras de color rojo. Como lo expresa la oración colecta de esta Misa, se ruega a Dios que done un Pontífice con santidad de vida y enteramente consagrado al servicio del pueblo de Dios. Esta tarde a las 16,30 comenzará la procesión hacia la Capilla Sixtina, lugar de la elección.

Esta Capilla fue construida a partir de 1475 como Capilla del Palacio Pontificio pero también como fortaleza en defensa del Vaticano. Toma su nombre del Papa Sixto IV que confió el proyecto al florentino Baccio Pontelli. El ambiente es de una sola y amplia nave (40,23×13,41) con doce ventanas y dividida en dos sectores a través de una semipared de mármol y rejas que dividen el presbiterio del sector reservado a los fieles. Las dimensiones se corresponden exactamente a aquellas del Templo de Jerusalén. La separación del presbiterio del cuerpo de la Capilla y el programa iconográfico inicial, reflejan la intención de Sixto IV de hacer de la Sixtina, una versión renacimental de las grandes Basílicas romanas, con un preciso enlace a las tradiciones paleocristiana y medieval de la Iglesia Católica. Miguel Ángel pinta en ella el Juicio Universal entre 1534 y 1541. Los cardenales electores llegarán allí cantando las letanías de los Santos, y una vez dentro, entonarán el conocido himno que invoca al Espíritu Santo: el "Veni Creator”. El nuevo "Ordo del Rito del Cónclave”, establece que esta sección se concluye oportunamente invocando la ayuda de la Virgen con el canto de la antífona "Sub tuum praesídium” (Bajo tu amparo). El Ordo muestra claramente que el momento eleccionario es un tiempo fuerte de fe, marcado por el aspecto celebrativo litúrgico, y que no se trata de un hecho político o partidario como acontece en el ámbito de la sociedad civil. La Iglesia en tal circunstancia debe estar particularmente unida con los pastores y sobre todo con los cardenales electores, e "implora a Dios el nuevo Sumo Pontífice, como don de su bondad y providencia”. Algunos se preguntarán: ¿será extenso este cónclave? Los últimos fueron breves: Pío XII fue elegido en dos días; Juan XXIII en cuatro; Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II en tres, y Benedicto XVI en dos. Todo parece indicar que para el fin de semana próximo, la Iglesia ya tendrá a su Romano Pontífice. Habrá que estar atentos a las dos "fumatas” diarias que serán a las 8 de la mañana y a las 15, del horario en Argentina. Esta tarde habrá una sola votación, pero a partir de mañana serán cuatro: dos a la mañana y dos a la tarde. Si después de once días, llegados al 34º escrutinio, los resultados fueran negativos, se dedicará un día a la oración, a la reflexión y al diálogo. En los escrutinios sucesivos, se trata prácticamente de un "’balotaje”, en el que los dos más votados no pueden votar, debiendo continuar hasta que uno de los dos alcance finalmente una mayoría de dos tercios de los votos, es decir, 77 en total. Se trata de un modo que busca prevenir una excesiva prolongación del cónclave, y no comprometer la unidad. Realizada la elección, el último cardenal Diácono llama a la Sixtina al Secretario del Colegio de los Cardenales y al Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias; después, el cardenal primero por orden y edad, en nombre de todo el Colegio de los electores, pide el consentimiento del elegido con las siguientes palabras: "¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice?”. Y, una vez recibido el consentimiento, le pregunta: "¿Cómo quieres ser llamado?”. Entonces el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, actuando como notario y teniendo como testigo a dos Ceremonieros que serán llamados en aquel momento, levanta acta de la aceptación del nuevo Pontífice y del nombre que ha tomado. Después de la aceptación, se queman los votos y otros escritos, y aparecerá en el exterior de la Capilla Sixtina, el humo blanco como signo de que se ha procedido a la elección del nuevo Sumo Pontífice, y el sonido de las campanas de la Basílica de San Pedro. El nuevo Papa se dirige a la sacristía de la Sixtina, conocida como "Sala de las lágrimas”, porque generalmente quien era elegido se echaba a llorar en ese lugar, pensando el nuevo peso que debería asumir. Allí hay tres sotanas blancas, para que elija la más adecuada a él. Luego de haberse revestido con las vestiduras que son propias a su nuevo oficio, ayudado por el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, regresa a la Capilla Sixtina y toma posesión de la Cátedra. Es entonces cuando el primero de los cardenales obispos, el italiano Giovanni Batista Re, saludará al Romano Pontífice; se leerá uno de los dos siguientes textos evangélicos: Mt 16,13-19 ó Jn 21,15-17; tras lo cual el primero de los cardenales presbíteros recita la oración por el Sumo Pontífice y concluida la misma, los cardenales electores, según el orden de precedencia, se acercan al neo electo para prestarle el acto de reverencia y obediencia. Sigue el canto del "’Te Deum”. Finalizado el mismo, el primero de los cardenales diáconos, el francés Jean Louis Tauran, desde la Logia externa de las bendiciones de la Basílica Vaticana, anunciará al pueblo de Dios la elección del Romano Pontífice. Poco después, el nuevo Papa, precedido por la cruz y acompañado de los cardenales, se dirige a la Logia externa de las bendiciones, saluda al pueblo e imparte la bendición apostólica "Urbi et Orbi”. Sin duda que el Espíritu Santo guía a su Iglesia. Por eso vivimos este momento especial con serenidad y fe, sabiendo que Dios ya ha elegido al Pontífice que la Iglesia necesita y que el mundo espera.