El tiempo de Pascua de Resurrección representa un espacio sagrado que conmueve a toda la humanidad de la persona creyente y para el caso de aquellas que han optado por no adherir a ningún credo, pone en vilo sus postulados más profundos sobre el amor, el destino y la razón.
La vida ejemplar de Nuestro Señor Jesucristo traducida en modelo de sacrificio por amor al ser humano en el Símbolo de la Cruz, trae consigo el maravilloso testimonio de la resurrección y con ella la promesa en propósito de vida eterna, porque lo que el mismo Dios ha generado en su Hijo, por el amor del Espíritu Santo, tiene el mérito no sólo de la gloria y el triunfo sobre la muerte sino la esperanza de permanecer con Él como Él siempre quiso, estar junto a nosotros hasta el fin del mundo.
Vivir la Pascua de Resurrección es dejar una puerta abierta para que entre la Gracia Divina y toque nuestro corazón haciéndolo más noble y así poder desterrar toda vanidad y soberbia de engaño. Esta época da a toda persona la posibilidad del encuentro con el otro y la reflexión de sí mismo hasta llegar incluso a ser partícipes de la justicia y defensores de la verdad y respeto por la ley. Así mismo nos enseña, por la inagotable compasión de Cristo a perdonar y acudir sin miedo a Él, dejando de lado todo el orgullo y reconociendo que somos limitados por la flaqueza de nuestra naturaleza humana.
Jesús, en cada acto de su vida, demostró que de su lado están todos los afligidos, enfermos, angustiados, dolidos y desamparados, por lo que llegar a tener esas sensaciones y sentimientos no nos debe quebrantar sino darnos fuerzas para continuar.
Tenemos una importante oportunidad, la de liberar nuestra conciencia de una multiplicidad de errores que diariamente cometemos. Es más, desde nuestro lugar de trabajo, también queremos compartir y propiciar el incomparable e ilimitado amor, misericordia y compasión que Jesucristo demostró a todos nosotros para cambiar de vida y seguir su ejemplo y así dar cabida a nuestro espíritu para que obrando por sobre nuestras pasiones e intereses de lugar al camino para acercarnos al prójimo y estar en comunión con Cristo resucitado.
Recordemos y mantengamos en nuestra memoria que sólo Jesús con su gran prueba demostró al hombre su incondicional amor, permitiendo que siempre tengamos fe y la posibilidad de acercarnos al Padre Celestial para poder expresar en cada momento de nuestra vida: "Padre nuestro, hágase tu voluntad”.
