Robin Williams, fallecido en agosto pasado víctima de la depresión y de Parkinson, cedió los derechos de su nombre, firma y fotografía a la fundación Windfal (creada por él y su esposa Marsha) y nadie más podrá utilizarla durante 25 años. El testamento del estadounidense de 63 años es pionero en un momento en el que la tecnología permite revivir a las estrellas. Williams fue terminante: no habrá anuncios ni hologramas, nada.
