Era el animador en cuanto acontecimiento familiar se celebrara. Agarraba el micrófono, incursionaba estar en un gran escenario ante miles de espectadores, y se daba el gusto de cantar cuarteto con el fin de alegrar a sus familiares. Así lo describió Raúl Saldaño, padre del Chino, quien en la despedida de su hijo afirmó con dolor que en el hogar de los Saldaño ya no habrá más alegrías.

Con el inmenso dolor de atravesar el trance más duro de su vida, el hombre con lágrimas en los ojos expresó: +Fue un hijo ejemplar. Muy familiero. No era de esos chicos que le gustaba estar en las esquinas, no sabía lo que era el cigarro. Solamente le gustaba cantar. Él era el animador de los cumpleaños, amaba cantar y bailaba muy bonito. Con su partida se nos fue la alegría de la familia+, sostuvo ayer por la tarde, durante el velatorio de su hijo, en Rawson.

Raúl además, fue el encargado de meterlo en el mundo del ciclismo, aunque él mismo reconoció que nunca imaginó que el Chino llegaría tan lejos. +Ése fue el regalo que más valoró Emanuel en su vida. Fue la bicicleta que le regalaron los Reyes Magos a los 7 años. Tenía una bicicletita y yo le regalé una bici de carrera sin pensar que iba a ser corredor. Las cosas se dieron por su profesionalismo y por las ganas que le puso. No le gustaba perder. Siempre fue así+, contó con voz entrecortada, mientras las lagrimas lo invadían.

El "Chino", fanático de El Yeyo y de Unión de Villa Krause, tenía como plato preferido los escalopes cocinados por las manos de Gloria, su mamá. El ciclista llegaba tras cada entrenamiento y le pedía a su consentidora que le preparara su comida preferida y ella, sin dudar, le daba el gusto a su +regalón+. +Su mamá era todo. Su compañía, su auxilio. Para ella no ha muerto su hijo, ha muerto su ídolo. Porque para Gloria, Emanuel era su ídolo+, describió Raúl.

El Chino partió. Y ahora la alegría no solo estará ausente en el hogar de los Saldaño, sino que tampoco estará en el pelotón.