El remisero Ricardo Sarmiento (31) quedó preso, sospechado de matar a propósito al exconvicto Juan de Dios Muñoz (29), porque al menos un testigo directo del caso le escuchó decir: ‘Este va a ca…’, antes de acelerar y atropellarlo, provocándole la muerte horas después en el hospital Rawson, dijeron fuentes policiales y judiciales.
Todo pasó alrededor de las 5 del miércoles en calle Perito Moreno casi Libertador, Capital, a la salida del boliche La Llorona. Allí, Sarmiento arrastró al menos 10 metros bajo el auto a Muñoz, luego hizo marcha atrás y lo arrastró de nuevo hasta que se desenganchó y se fue.
Los pesquisas están convencidos que el conflicto no fue porque Muñoz quería subir con un copón de bebida alcohólica junto a otra chica y una pareja amiga, sino por viejos problemas surgidos de cuando estuvieron presos.
Sarmiento y Muñoz se conocían, porque habían compartido calabozos en una causa por encubrir el robo de un compresor, sustraído con tres pares de zapatos de fútbol y un alargue de una casa del Lote Hogar 22, en Rawson, el 26 de abril del año pasado.
Ambos quedaron complicados porque la Policía los sorprendió momentos después cuando salían en el remís guiado por Sarmiento de la casa de los supuestos ladrones, de apellido Gamboa, vecinos del damnificado en el mismo Lote Hogar 22. Llevaban el compresor en el auto y a Muñoz, además, le incautaron de sus ropas un tubo azul con plantas de marihuana.
Ambos intentaron desligarse cuando declararon, pero del cruce de sus contactos telefónicos, las autoridades del Cuarto Juzgado de Instrucción, sospecharon que estaban al tanto de que el compresor era hurtado. Por esa causa Muñoz recibió su segunda condena de su historial delictivo en un juzgado Correccional (ver recuadro) y Sarmiento pudo evitarla con una probation, por ser su primer delito.
Ayer, el defensor de Sarmiento reiteró lo que su familia le dijo a este diario, que su cliente no quiso matar, sino huir del lugar cuando Muñoz insistía en subir y se le atravesó por delante cuando el chofer se negó a llevarlo.
También dijo que desde que había salido de la cárcel, el fallecido ‘lo volvía loco’ con amenazas, incluso con armas, y que por eso lo había denunciado.
