El filósofo oficialista Ricardo Forster, uno de los emblemas de la agrupación de intelectuales "Carta Abierta\’\’, fue designado secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional. En el oficialismo aplaudieron la decisión como un reconocimiento al grupo de pensadores alineados a la administración de Cristina Kirchner. Desde la oposición la calificaron como un acto de "fascismo viejo\’\’ y un "premio sin sentido\’\’ a Forster.

Entre las cuestiones que más llaman la atención, no sólo está el ampuloso nombre que le pusieron a este nuevo cargo, sino también los ejes de trabajo que tendrá que dirigir Forster. Según el artículo dos del anexo del decreto 833/2014, el secretario deberá "asesorar y elevar las propuestas\’\’ a la ministra de Cultura "en cuestiones de pensamiento nacional y latinoamericano\’\’.

Se especulaba también con que la elección de Forster es una retribución para "Carta Abierta\’\’ por defender las banderas ideológicas y por marcarle límites a Daniel Scioli, porque en su última carta "Encrucijadas del futuro\’\’, el grupo rechazó la candidatura presidencial del gobernador bonaerense.

Desde principios del siglo XX, la "cultura nacional\’\’ es una obsesión, generalmente malsana y a veces patológica. Sus cultores la contraponen con otra cultura, extranjerizante, cosmopolita, corruptora, que nos impide entender rectamente nuestra realidad. Pero el pensamiento no tiene nacionalidad; circula libremente por la república universal de los ciudadanos, ignorando las fronteras estatales, y solo se diferencia por la calidad o la originalidad. Los "intelectuales nacionales\’\’ también se han nutrido de autores extranjeros, como los alemanes Fichte o List, los franceses Maurras o Péguy, o el español Ramiro de Maeztu.

Pareciera que como la realidad es reacia a la unificación, la cultura nacional debe ser impuesta. Lamentablemente todo lo positivo que hizo el Gobierno nacional en varias materias marcando un progresismo benéfico, se ve opacado por decisiones que empañan el sentido de la verdadera democracia. De hecho, este nuevo organismo tiene su analogía en países como Venezuela o Cuba.

Pretender la homogeneidad de las ideologías o del pensamiento político va contra el concepto de cultura. A ésta la enriquece siempre la diversidad y se debilita con la uniformidad de ideas.