Resulta interesante centrar la atención en los procesos de persuasión del público perceptor a través de la llamada publicidad institucional y otros modos de influir en los futuros votantes, en tanto toda la estrategia gira alrededor del comunicador y al medio. Esta técnica del marketing sociopolítico pasa desapercibida para el ciudadano común, pero en el terreno de los expertos el análisis se impone como una táctica de anticipación a los hechos que vendrán. La utilización de fuentes de comunicación incluye tácticas de desprestigio y ataques que aseguran la rapidez en la persuasión.

Las características especiales que un comunicador o un creativo deben poseer para lograr la alquimia persuasiva que no es una metáfora sino una mezcla eficaz de producciones destinadas a convencer con una propuesta que se convierta en sufragios. Se suman factores psicosociológicos que crean un ambiente particular en torno a los mensajes que se emiten y reciben, originando indiferencia o reacción por efectos de la saturación en el uso de excesiva tecnología. En orden a la persuasión, lo más importante es la credibilidad de quien habla con poder de decisión y dominio. Esto se sustenta en la dinamización de hechos puntuales y concretos, y fundamentalmente en las verdades transmitidas que no pueden ser revertidas por realidades divergentes. Aquí esta el conflicto y el nudo de las imágenes negativas que maneja el conglomerado social. Pensar que el otro no analiza es ingenuo; advertir los errores y rectificar las conductas marca la plenitud de las realizaciones y el punto más alto de la actividad política que la dirigencia debe saber comprender y planificar acciones en consonancia con el ritmo de expresiones populares y sus requerimientos.