‘La tenencia compartida no sólo se trata de respetar los derechos del niño de compartir su vida tanto con su mamá como con su papá. También favorece a fortalecer su identidad y a que tenga un modelo de identificación, cosa que no suele suceder cuando crece sin tener presente la figura paterna. La tenencia compartida también le hace reafirmar al niño el sentido de familia, pese a no convivir a la misma vez ni en la misma casa con ambos padres, como así también le permite mantener el vínculo con los familiares y amigos de cada uno de ellos. Esto hace que no viva la separación como un trauma ni sufriendo ausencias‘.