Hace una semana España se conmovió por el resultado de las elecciones europeas en las que sus dos principales partidos políticos fueron castigados por la ciudadanía, trastocando el mapa político. Pero la conmoción se repitió otra vez más el lunes pasado cuando el presidente Mariano Rajoy comunicó que el rey Juan Carlos le había informado de su decisión de abdicar en su hijo el Príncipe de Asturias. Es el quinto caso de un monarca español que estando en el poder abdica o renuncia a sus derechos.

En efecto, el emperador Carlos V y los reyes Felipe V y Carlos IV abdicaron a favor de sus respectivos hijos, mientras que Amadeo I renunció a sus derechos a la Corona de España. Por otro lado, Isabel II y Alfonso XII abdicaron a favor de sus herederos respectivos, cuando se encontraban en el exilio. Las razones de estas abdicaciones o renuncias son diversas, pero todas, salvo la abdicación de Carlos V, no fueron totalmente voluntarias sino que siempre existió alguna razón de peso que les empujó a ello.

Los últimos años del reinado de Juan Carlos de Borbón no han sido fáciles. La implicación de su yerno, Iñaki Urdangarín, en un supuesto caso de corrupción, aún pendiente de juicio, enfrió el ánimo de los españoles, aunque el Rey le apartó de la actividad institucional y afirmó que en España la Justicia es igual para todos. En abril de 2013, un inoportuno viaje privado a Botsuana, en el que se cayó y se fracturó la cadera, desencadenó por primera vez un reproche generalizado, al que el rey Juan Carlos respondió con un gesto sin precedentes en la vida pública española: "Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir”. Era cuando más le necesitaba una España ahogada por la crisis y amenazada por el separatismo.

El reinado de Juan Carlos, desde que asumió el trono en 1975, se ha caracterizado por garantizar el sistema democrático y demostrar la proximidad de la Familia Real, que ha compartido con el pueblo sus logros y sus tragedias, desde las catástrofes del "Prestige” a los atentados del 11-M, entre otros momentos difíciles.

El Príncipe de Asturias, que reinará como Felipe VI, ha demostrado que es capaz de poner de su parte lo necesario para adaptar la institución monárquica a los nuevos tiempos, y ante la amenaza secesionista. El proceso de integración deberá ser una misión prioritaria para el futuro titular de la Corona.