Creo que es oportuno recordar los conceptos del poeta, escritor y académico, don Luis Jorge Bates, en su nota "De mármol y bronce”. Opina este distinguido profesor: "Los años han ido desbrozando de malezas el bronce de Sarmiento”. En su entorno un mal entendido revisionismo histórico -que acaso se origina en una buena intención de Saldías-, se ocupó de denostar contra el autor del "Facundo”, en la absurda creencia que, para exaltar las figuras de los enemigos de nuestro prócer -mucho de los cuales no tuvieron estatura suficiente para prevalecer o destacarse por sí solos-, era necesario reducir la de Sarmiento. De este modo, un tanto mecánico de considerar la historia, convertida así en una simple estimación de perspectiva surgieron los Rosas, los Chachos, los Facundos y los demás que fueron blanco de las invectivas de quien pudo decir "Todos los tiranos llevan mi marca”, olvidando quizá un complemento que también cabría en la consideración de su trayectoria ilustre: "y todas las escuelas llevan mi nombre”.

Don Luis Jorge Bates escritor de gustos refinados, sumamente metódico y ordenado admiraba sobre él: "En ese empecinamiento, en esa animadversión antisarmientina puede medirse ya la grandeza de nuestro comprovinciano ilustre; y en sus enemigos póstumos, hienas que sólo pueden alimentarse de cadáveres, puede buscarse buena parte de su vigencia permanente ya que con Ricardo Rojas -"El profeta de la Pampa”-, podemos repetir su conclusión intergiversable: "Los que gritan ¿Muera Sarmiento!, es porque admiten que Sarmiento está vivo” y en verdad lo está en cuanto legó al país desde la inmensidad de su titánica obra”.

"Todo lo vio, todo lo entrevió, todo lo presintió. Y con miras al porvenir, que es nuestro presente y será el futuro de la República, hizo más que todos los otros juntos. Pero sólo podrán verlo de cualquiera de estas dos formas: O quitándose la venda del odio que no los deja ver, esa del falso revisionismo, que opacó todo aquello que para los demás es evidente, o estudiando íntegramente a Sarmiento, conociéndolo más y mejor, leyendo algunos de los cincuenta y dos tomos que almacenan el tesoro de esa herencia sin par”.

En el Bicentenario de su nacimiento y al haberse cumplido un nuevo aniversario de su muerte, podrían preguntarse aquellos por qué regresaron sus despojos envueltos en cuatro banderas de otros tantos países de América y qué otro prohombre de nuestra nacionalidad mereció tan grande homenaje sobre Sarmiento.