Es realmente atinada la idea surgida de nuestra Academia Nacional del Folclore de implementar su enseñanza en las escuelas primarias. En realidad esta iniciativa viene de años atrás, sólo que por indecisiones o quizá por falta de interés no se llevó a cabo. Existen por doquier fundamentos teóricos que sustentan esta decisión, encontrándose una de las tantas respuestas en la misma etimología de la palabra folclore, término éste que se castellanizó a partir de sugerencias de varios estudiosos, como el Dr. Alfredo Poviña. La palabra en cuestión significa "el saber tradicional del pueblo”, existiendo otras variables según el país, pero con el mismo sustrato común. Hablar del "saber del pueblo” es adentrarnos en un sinnúmeros de conocimientos relacionados con nuestras raíces, con lo vernáculo, con "aquellos ecos simpáticos del pueblo” que a veces no son abordados por la historia u otras disciplinas análogas. Hablar de lo vernáculo o del saber popular no se remite sólo a enseñar las danzas típicas, zambas o cuecas, la enseñanza del folclore implica un sinnúmero de conocimientos que hacen a nuestro ser nacional, a nuestra idiosincrasia popular o identidad; es como un gran ramillete que incluye desde la parte lingüística, como aquellas lenguas como el quechua santiagueño o el guaraní, la gastronomía criolla, el sistema de creencias que a su vez incluye fiesta religiosas populares, como el "Tincunaco” celebrado en la provincia de La Rioja. Asimismo manifestaciones míticas, leyendas, artesanías regionales, sistemas de parentescos como el compadrazgo; etnomedicina, especialmente herbolaria; la indumentaria y todas sus variables, biografías de grandes canta-autores de los cuales y por suerte hay un abanico de genialidades, figuras de carácter popular, icnografías autóctonas o imagineria religiosa, refranes, dichos o sentencias populares, también el aporte cultural o como viven actualmente los pueblos originarios y otras cantidad de facetas que poseen carácter "flok”. Estudiar estas manifestaciones y luego plasmarlo en una curricula escolar, no es poca cosa. Es nada menos que enseñar o trasmitir a nuestros jóvenes toda la herencia cultural o social, de la cual todos de alguna manera somos depositarios, y esto es significativo por que una de las funciones de la escuela se relaciona con este postulado.