Es por demás ocioso señalar las bondades del árbol en los oasis donde se concentra la actividad socioeconómica de San Juan, como también ser reiterativos en la ausencia de programas de forestación para cubrir el déficit de espacios verdes, públicos y privados. Hasta pareciera existir una inclinación hacia la desertización, si se contabiliza la sistemática erradicación de arboledas centenarias con argumentos falaces, como el progreso vial y urbanístico. Hasta las viejas "trincheras” de álamos y eucaliptus para frenar los vientos en los cultivos, sucumbieron en las fincas por el accionar de las motosierras.
En este contexto tan insólito como paradójico, vivir en una zona árida con temperaturas en aumento y elevada radiación solar y tendencia depredadora, no existe ninguna propuesta electoral ante la ciudadanía, que contenga un ambicioso plan forestal sustentable, preciso y creíble, a nivel provincial y departamental.
Es decir, la necesidad de implementar una política de Estado para frenar el impacto del deterioro ambiental, agravado en San Juan por el aumento desordenado de las urbanizaciones que desplazaron la frontera agrícola y el mayor parque automotor. El avance del desierto asociado al cambio climático, no han despertado interés en los candidatos y sus equipos de campaña para diseñar una estrategia forestal planeada desde los viveros, con especies autóctonas, y seguimiento de los objetivos.
Diferente es la remediación ambiental en el sector privado, conciente de la factibilidad de forestar aún en terrenos inhóspitos. Un claro ejemplo lo exhibe la empresa Loma Negra en las 70 hectáreas que posee en Rivadavia, junto a la planta cementera. Desde 2006 lleva adelante un plan de forestación en ese predio, cubierto de polvo de caliza depositado durante cuatro décadas. Ahora el paisaje muestra un enorme bosque de 500 aguaribay y frutales, junto a más de 4.000 plantines de retamos y jarilla, demostrando que nada impide transformar una tierra contaminada en un vergel.
Como dicen los ejecutivos, la empresa sólo puso en marcha el proyecto de remediación ambiental y ahora es la misma naturaleza la que se encarga de expandir el área verde con la flora autóctona. Por eso es de esperar que otras empresas y ONG sigan este ejemplo para el que no necesitan grandes inversiones y, además, cuentan con aportes de la ingeniería agronómica de la UNSJ y del INTA, especialistas en la transformación del desierto.
