El reciente Mundial de Fútbol dejó varias enseñanzas. Observando el juego defensivo y de ataque de los cuatro finalistas, y lo que hizo nuestra selección, resulta fácil intuir el por qué quedamos afuera. Argentina cuenta con excelentes individualidades pero con escaso juego en equipo, la esencia del fútbol.
Uruguay ha dado un ejemplo: Oscar Tabárez armó un grupo, evaluó una idea y la llevó a cabo. Se quedó a centímetros del tercer puesto, luchando cada pelota como si fuera la última y jugó con humildad, cuando hubo selecciones que dejaron Sudáfrica con una tibieza alarmante, como si diera lo mismo ganar, empatar o perder. Para tomar una dimensión de la actitud que le mostró el seleccionado celeste al mundo, recordemos una declaración de Bert van Marwijk, entrenador de Holanda, previa a la semifinal en Ciudad del Cabo: "Hablé con mis jugadores y les dije que quería para mi equipo la entrega y la lucha que demuestran los uruguayos en cada partido”. El campeón, España, que nunca perdió la paciencia ni traicionó su estilo, fue puesta seriamente a prueba tras la derrota del debut ante Suiza, y respondió con temple y madurez.
Los partidos se definen en los arcos, pero España demostró que no es irrelevante prepararlos con criterio y sabiduría en la zona media. Últimamente, son mayoría los equipos que desprecian la elaboración. Argentina, uno de ellos. lo pagó por creer que la única verdad está en las áreas. España fue con una idea y la plasmó, y estuvo conducida por un técnico discreto e impasible. Siempre se intenta copiar la fórmula del éxito y la de España es una de las más difíciles, porque el origen de todo está en el talento pero también en el esforzado trabajo en equipo.
