Los líderes del G20 se comprometieron ayer en Seúl a evitar las devaluaciones competitivas y a trabajar para

reducir los desequilibrios mundiales, pero aplazaron hasta el 2011 la tarea de identificar las distorsiones que aporta cada país. Con este compromiso, los líderes de las mayores economías del mundo cerraron una cumbre complicada, la primera en la que no existe la amenaza de una recesión mundial ni, por tanto, la urgencia de tomar decisiones obligadas.

En el cierre de la cumbre, la presidenta Cristina Fernández insistió en la necesidad de consensuar políticas para combatir los paraísos fiscales.

El G20, en este semestre bajo la presidencia de Corea del Sur, se marcó como objetivo aprobar un paquete de medidas que permitan reducir las distorsiones que existen en la economía mundial, y que están originadas en las diferencias en cómo producen y gastan los países ricos y los emergentes.

En la Declaración final, el G20 deja claro que el principal problema es el desequilibrio en la balanza por cuenta corriente, con países como China, que ayudada por su moneda devaluada produce y exporta mucho más de lo que consume e invierte, frente a países como EEUU, que consume mucho y exporta poco.

La elaboración de la Declaración final, que ha obligado a realizar sesiones maratonianas, deja en evidencia las tensiones que existen entre los dos bloques, que en los últimos días se han lanzado duras acusaciones cruzadas.

Finalmente, la solución de consenso para la cumbre de Seúl ha sido hacer un llamamiento para que los países "se abstengan" de devaluar sus monedas para ganar competitividad, pero nada se dice de los que frenan la revalorización de su divisa, como China, pese a que una versión anterior del comunicado sí la incluía.

En su lucha por los desequilibrios externos, el G20 ha encargado a los bancos centrales y los ministerios de Finanzas elaborar unos indicadores que permitan averiguar si un país, sea rico o pobre, está contribuyendo a estas distorsiones.

No obstante, el G20 establece que estas "guías indicativas" no estarán elaboradas hasta la próxima cumbre de 2011, por lo que se convierte en una de las tareas ya pendientes del nuevo presidente del grupo, Francia.

Inicialmente, EEUU quería imponer un límite del 4% para los superávit o déficit por cuenta corriente, pero fue rechazado de inmediato.

En cualquier caso, la medición de estos indicadores y la adopción de medidas que los corrijan podría demorarse otros seis meses. Será tarea del Fondo Monetario Internacional (FMI) medir el comportamiento de estos indicadores.

En su declaración, los mandatarios muestran su apoyo a un FMI "modernizado" que refleje los cambios que han tenido lugar en la economía mundial con "una mayor representación" de las economías emergentes y naciones en desarrollo.