En estos tiempos en donde las horas del día no alcanzan para producir y trabajar cada vez más con tal de percibir mayores ingresos económicos, sin importar los minutos y segundos que se le restan a la familia y al tiempo libre personal, hay, sin embargo, personas que unen sus fuerzas y sus intereses a instituciones de bien público para dedicarse voluntariamente a ayudar o acompañar a quienes más lo necesitan. Otras ni siquiera eso, lo hacen solas y en silencio, sin la necesidad de compartir la iniciativa con el respaldo de una entidad nacida para este fin.
Son muchos los voluntarios que hay en San Juan, un movimiento solidario sin mayores reglas que la de la colaboración desinteresada, que no es nuevo y que tiene antecedentes en los peores acontecimientos de la provincia, como por ejemplo, cada terremoto, cada inundación. Es -hasta ahora- imposible contabilizarlos. Básicamente porque en estas tierras funcionan casi 450 ONG -con todo tipo de intereses- que movilizan a miles de integrantes, a los que habría que sumar a aquellos que no necesitan de una organización para dar forma a sus ganas de dar.
Sin embargo, hay una iniciativa oficial que surge de la Dirección de Relaciones de Culto y ONG -dependiente del Ministerio de Gobierno- para empezar a darle forma a un "mapa del voluntariado” y así conocer a ciencia cierta hasta donde llega "ese motor” que se enciende a diario y repercute en muchísimos beneficiarios eventuales.
"Ya tenemos una base de datos pero queremos que las instituciones o los voluntarios se acerquen a dar información para que el relevamiento sea lo más preciso posible. La iniciativa de conocer la realidad del voluntariado local surge por la promulgación de la ley 25.855, que data del 2010 y que se refiere a la promoción del voluntariado social”, explica Gabriel Alvarez, titular de la dependencia que funciona en el 3¦ piso del Centro Cívico (más precisamente en el núcleo 8, ala Sur).
La ley nacional a la que se refiere es un verdadero marco legal para las acciones solidarias ya que la norma no sólo sirve para encuadrar este tipo de tarea que, vale aclarar, deja afuera a todos los integrantes de una comisión directiva e inclusive a los socios de una entidad. Es así porque se entiende que ellos si bien no están interesados por una paga, tienen alguna meta que cumplir. En cambio, la tarea voluntaria, es justamente como su nombre lo indica, para aquellos que se acercan sin mayores propósitos que el ponerse a disposición de los demás. También obliga a las entidades a firmar un acta acuerdo con los voluntarios para especificar sobre la necesidad que estén identificados como o que reciban capacitaciones, entre otras cuestiones.
Mientras tanto, la voluntad sigue su curso. Algunos de los que la ejercen no dejan de movilizarse para que ningún chico se pierda de ir a la escuela por falta de ropa o comida, otros llegan al hogar de ancianos o los hospitales para brindar compañía y contención. Hay voluntarios que cumplen sueños con forma de juguetes y golosinas a cambio de sonrisas, otros que prestan la oreja para compartir alguna angustia, regalan música y transmiten lo que mejor saben hacer. Todo vale: desde donar calzado como paso fundamental, hasta dar sangre, comida y conocimientos.
Lo que siguen son apenas unas historias de vida, movilizadas para cumplir con objetivos humanamente claros y con un mismo sentido: hacerlo de todo corazón, sin esperar nada a cambio.
