El proyecto que ingresó a la Legislatura provincial la semana que termina, por el que se dispone que un adolescente de entre 16 a 18 años pueda votar, es, sin dudas, la noticia política más relevante en lo que va del año. ¿Por qué? Primero: la señal más fuerte en los últimos tiempos de fidelidad ideológica del peronismo local al kirchnerismo más duro. Es que en la práctica, a pesar de su segura aprobación, no se podrá inaugurar en la elección del año que viene ya que en 2013 no se elige cargos provinciales, recién se pondrá en práctica en 2015 cuando se renueven todos los puestos políticos de la provincia. Moraleja: Gioja no tenía motivo ni obligación de hacerlo ahora.
La única razón es la de querer mandar un mensaje a alguien, y lo está haciendo. Segundo: ¿una pista de qué quiere Gioja para el perfil del próximo candidato del oficialismo? Algunos lo ven así. Tercero: la bandera a cuadros de la carrera que se viene por seducir a los dueños de esos votos; franja dominada fuertemente por el hijo de la Presidenta, nada más y nada menos; una batalla que se dará si es que el kirchnerismo no logra contener a los peronistas, claro. Y lo más importante: ¿es un debate necesario para esta sociedad en este momento?
Luego del ‘episodio’ Micaela Lisola, la jovencita que fue defendida públicamente por la Presidenta luego de que supuestamente le prohibieran hablar en un acto de un colegio secundario católico, las aguas aclararon para quienes hasta ese momento no lograban identificar las diferencias.
Gioja, como ya se ha dicho en estas columnas, quedó expuesto entre dos de sus amores: la Iglesia y el kirchnerismo. Cristina lo sabía. O, al menos, sus allegados lo sabían. Conocían que al Gobernador la situación le resultaría al menos incómoda e igual lo hicieron. Y no una vez, sino dos: en la última visita del vicepresidente Amado Boudou a San Juan para el aniversario de la muerte de Evita, Lisola estuvo en primera fila. Nadie sabe contestar en Casa de Gobierno si Gioja sabía que la niña iba a participar. A pesar de lo anterior, también hay hechos que demuestran la todavía cercanía de la mandataria nacional con el Gobernador de San Juan.
Hace unos 10 días estuvieron juntos en una reunión de la que pocos detalles se conocieron, por tanto, el mitín seguramente resultó jugoso en las definiciones políticas, y por prudencia nadie dará a conocer. Un dato más es que Cristina ha reafirmado su intención de venir a San Juan en septiembre, cuando se realice en la provincia el Festival de Cine de la Unasur. Esas son razones que pueden demostrar la relación del Gobernador con la Casa Rosada, o con el kirchnerismo, para más precisiones. De igual forma, no vienen mal los gestos y Gioja con el proyecto de bajar la edad del voto a los 16 ha dado el más grande de todos, al menos en lo que va de este año. ¿Lo hizo por eso? No sería correcto afirmarlo tajantemente, ya que todavía no se sabe qué va a pasar con el proyecto de Aníbal Fernández, pero sí se juega por algo que, incluso, lo puede complicar electoralmente.
Hay encuestas que dicen que Gioja en esa franja de edades, no es el dirigente más votado. Todo el mundo cree que se va a aprobar el proyecto de Fernández, pero si no ocurre, el Gobierno local va a quedar atrapado en la disyuntiva de sancionar algo en San Juan que al final en la Nación ni siquiera trataron. A los dirigentes sanjuaninos no les queda más remedio que aprobar la iniciativa, sino el papelón será mayúsculo: no solamente con la Nación, por actuar a destiempo, sino con la sociedad de esta provincia, que lo verá a Gioja titubear como nunca antes ocurrió. Y, para colmo de males, quedará mal parado ante esa franja de votantes que, volviendo a las razones de esta columna, algunos han visto en esta iniciativa toda una señal política puertas hacia adentro. Y es que en el peronismo local abundan dos preguntas sin respuestas todavía: qué hará el Gobernador en 2015 y, al menos, el perfil del candidato giojista. La primera, muy por lo bajo, ya que el mandatario ha dicho que éste es su último período como Gobernador de los sanjuaninos. A pesar de ello hay algunos que ponen en duda esa afirmación, y que incluso lo animan a buscar herramientas para continuar. Gioja reafirma que se va. Y la segunda, mucho más posible, sobre el perfil del candidato G. ¿El proyecto es para sumarle
votos a un joven? No tiene el mandatario muchos muy cerca, y los pocos empezaron a mirarse sobre el hombro.
Todo lo mencionado anteriormente tiene que ver con el manejo político interno del PJ, pero la realidad es que el tema, expuesto hasta el hartazgo por los medios que llegan a toda la República, ha dividido la opinión pública. Algunos elementos más que objetivos pueden ayudar al debate: la mayoría de los países del mundo disponen el voto voluntario a partir de los 18 años. Sólo un puñado de naciones, como Irán (15 años), Chipre (16), Cuba (16), Ecuador (16), Austria (16) e Indonesia (17), entre otras, establecieron que una persona es capaz de votar antes de los 18 años. Según el sitio Wikipedia, en el 80% de las naciones del mundo, el voto es a partir de los 18 años.
Un informe de la Unesco Global Education Digest, de 2010, dice que la Argentina es uno de los países de la región con más baja tasa de graduación en el nivel secundario: sólo un 43 por ciento de los estudiantes secundarios argentinos terminan sus estudios en los plazos establecidos. Y sólo un 50% del total de estudiantes secundarios accede a ese título, fuera de los tiempos que impone el sistema educativo. Argentina está detrás de Perú y de Chile, con un 70% de alumnos que completan sus estudios secundarios; de Colombia (64%); de Bolivia, (57%); de Paraguay (50%), y de Ecuador (48%). En casi todos ellos, salvo Ecuador, las personas votan luego de cumplir los 18 años de edad. Un chico, a los 16 años, está casi terminando su nivel secundario. Es decir, la Argentina no es de las naciones que más aportan al desarrollo de sus jóvenes, pero está pensando en acumularle responsabilidades. ¿No será mejor debatir sobre esas oportunidades perdidas? Es, evidentemente, una discusión que sin un elemento político como la necesidad de hacerse de esos votos, no tiene sentido, al menos en estos momentos.
