Gioja da pocas señales políticas, se sabe. Pero esta semana en dos encuentros distintos, regaló un par que merecen analizarse: no habrá adelantamiento de elecciones, ya que el presidente el PJ parece que aspira a estirar los tiempos hasta que se agoten. Y, la segunda, que los armados los hará él mismo, como siempre. La última fue en una reunión de intendentes en Casa de Gobierno y la primera en el Partido Justicialista, al inaugurar obras de remodelación en la vieja casona de calle 25 de Mayo casi Alem. Y ojo a los ansiosos, porque como ya se ha dicho en esta columna antes, las internas serán "controladas", y parece que le apuntan a un puñadito de departamentos solamente.
Muchos peronistas asistieron al encuentro del martes en la sede central del partido bajo la expectativa de volverse con líneas rectas, directas, con definiciones claras. No fue tan así. Los que saben leer entre líneas, tuvieron un norte, el resto, la mayoría, se quedó con la boca abierta. ¿Por qué es importante esa orientación? El peronismo es verticalista al extremo y sus dirigentes casi hacen gala de esa directriz. Lo que en algunas agrupaciones como la UCR sería casi vergonzoso, el peronismo lo exhibe como una virtud. Se discute poco, y se hace lo que el líder manda, nada más. Nadie se imagina a un justicialista en medio de la reunión que hicieron los radicales en Entre Ríos, por ejemplo. Por eso muchos peronistas sanjuaninos están hoy desorientados, ya que nadie les ha dado la orden que necesitan en su estructura mental para salir a hacer lo que el jefe manda. Es, en definitiva, una conducta partidaria que da ventajas a quienes comandan, si es que lo saben hacer por supuesto.
Pero antes de entrar en el detalle local, hay algunas consideraciones que pueden servirle al lector para el contexto general: hace un par de días Julián Domínguez se bajó de su candidatura a presidente, la que nunca existió, al menos a juicio de este periodista. El presidente de la Cámara de Diputados de la Nación prefiere postularse como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Domínguez siempre fue muy crítico de Daniel Scioli, el gobernador de ese distrito y precandidato presidencial. Nadie lo ha dicho, pero se intuye que esa decisión de Domínguez, consensuada con Cristina Fernández, a la sazón "La Jefa", es más apuntando a la interna presidencial que otra cosa. Si la presidenta apoya para manejar la provincia más grande del país a un candidato que está lejos de Scioli, es porque ella prefiere a otro que no sea Scioli, obviamente. Bajo esas conjeturas se podría decir entonces que Florencio Randazzo sería el candidato a Presidente que prefiere la presidenta. ¿Por qué Randazzo? Porque los otros no miden, o es él o es Scioli, el resto, como Domínguez "no existe", como dicen los chicos en el barrio. Y, si la mandataria indirectamente está bajando línea, se puede afirmar que está haciendo justo lo que el peronismo prefiere que no haga, que es meterse en la interna para definir candidatos. ¿Cuál será la reacción de los hombres del PJ?, nadie sabe. Por ahora, Eduardo Duhalde reunió la semana pasada a un grupo de líderes de ese partido en Provincia de Buenos Aires, buscando la normalización del PJ. Nadie salió a matarlo. Le preguntaron a Eduardo Fellner, presidente del Consejo Nacional del Partido Justicialista, y dijo que "sólo fue una reunión". No salió a denunciar a Duhalde, ni a desautorizar ese mitín, el jujeño dejó en esas palabras la sensación de que Duhalde, muy enemistado con la Casa Rosada, forma parte del peronismo, que es lo que molesta en las filas del mundillo K. Y una perlita del expresidente: en una entrevista en Radio Sarmiento esta semana definió la situación política de Gioja al preguntarse "¿Ustedes creen que Gioja es cristinista? No, Gioja tiene que gobernar una provincia y no lo puede hacer sin el Gobierno Nacional. Como él están todos los gobernadores peronistas, yo los entiendo…". Una cruel realidad que también hizo vivir él en su época a los mandatarios, obvio.
En ese contexto se manejan las decisiones del peronismo, hoy por hoy. Gioja dice a los que lo escuchan con mayor frecuencia que tiene que esperar unas semanas más, aunque no dice qué es lo que debe esperar. Tal vez eso que debe esperar es el desarrollo de los acuerdos o desacuerdos entre el PJ y el kirchnerismo. O tal vez está esperando un ofrecimiento o, simplemente, la jugada que más le conviene a él, que es la de esperar hasta el último minuto para evitar las críticas que va a despertar, casi con seguridad, el hecho de manifestar que quiere volver a presentarse como candidato a Gobernador. Hoy tiene en su despacho informes de consideración popular sobre su gestión que le dan muy bien. Y el peronismo más entrado en años local se vale de esos números para sostener que José Luis Gioja sigue siendo el mejor candidato que tienen hoy. Se lo dijo a los intendentes cuando los juntó para entregarles plata del plan de pavimentación llamado "800 cuadras". "Los iremos llamando de a uno en un mes más o menos para definir candidaturas", palabras más, palabras menos, fue la orden. Es decir, él seguirá manejando los nombres propios de quienes encabezarán y entrarán en las listas. Muy pocos podrá opinar. Dentro de ese grupo, los intendentes no entran. Y lo hará en el tiempo que él indique, ni un día antes, ni un dia después. Nadie chistó, contaron algunos presentes. Parece que la idea es darle oportunidad a los jefes comunales que pueden repetir para que lo hagan, salvo alguna excepción que ya se ha contado en éstas líneas. Los que se van tendrán que someter los nombres que impulsan al rigor de las encuestas, y bancarse el resultado de ellas. No habrá internas en todas partes, ya se dijo también, pero asoman en algunos distritos como Rivadavia, donde el peronismo no evitará que Ana María López vuelva a presentarse, aunque casi con seguridad armarán otra lista. También en Capital, donde aún no saben qué hacer. Lo mismo en Santa Lucía, donde saben que no le ganarán a Marcelo Orrego, pero tampoco se la harán tan fácil. En ese departamento será interesante ver la respuesta de algunos dirigentes a la propuesta de la conducción de pelearle la intendencia al basualdista. El que vaya sabe que va a perder, entonces, ¿se meterá igual? Gioja no está convencido de la jugada de Daniel Molina. No quiere apostar de más, para perder el distrito y un "buen cuadro político" según la descripción que hizo alguien esta semana en Casa de Gobierno sobre el Ministro de Desarrollo Humano. Y, el último distrito donde muy probablemente hayan más de dos listas en el oficialismo, es Iglesia.
El otro que siembra dudas es Ruperto Godoy, quién también en una entrevista radial esta semana volvió a decir que se presentará como candidato a Gobernador. ¿Le hará internas a Gioja? le preguntaron, "¿si él se presenta, sí?", respondió. El año pasado cuando el senador desnudó por primera vez su intención, nadie creyó demasiado, pero a pocos meses de definirse las candidaturas, sigue con la misma postura. ¿Conseguirá aval nacional para sostenerse bajo el paraguas del mismo candidato a Presidente de Gioja? ¿Irá con otro? Nadie sabe, aunque para ser realista, a nadie en Casa de Gobierno le quita el sueño lo que haga el legislador. Falta menos, y las señales empiezan a aparecer, aunque a gusto de este periodista, todo sigue desesperadamente igual. No por los nombres propios, la desesperación radica en la metodología, la que nadie se anima a refutar. Una pena.
