Señor director:
Cuando tenía 16 años, un hombre me quiso agarrar en la calle. A partir de ese momento, todo fue diferente. Salía a la calle mirando a cada hombre. Si veía a alguien que caminaba por mi misma cuadra, rápidamente cruzaba. Vivía perseguida. Mejor dicho: "vivo” perseguida. Porque la confianza en volver a caminar sola nunca la pude recuperar.
Cuando nos juntamos los domingos en familia nunca faltan las anécdotas de mis padres y sus famosos "asaltos” y los juegos en la calle. Es entonces cuando yo me pregunto ¿Cuándo cambió todo? ¿Por qué ya no podemos caminar seguros? ¿Por qué vivir tan perseguidos?
Cada gobierno que pasa promete hacer algo al respecto, y mientras tanto, nosotros esperamos. ¿Hasta cuándo?
