El frío invierno del martes 9 de julio de 1816 castigaba impiadosamente a los sanjuaninos. Sin embargo, en la casa de don Timoteo Maradona nadie parecía reparar en ello. El ir y venir de los sirvientes, de las matronas y de las esclavas que corrían presurosas con pesadas ollas de agua caliente y ropa blanca, entibiada cerca del fogón hogareño, hacían presagiar que el alumbramiento sería inminente.

Don Timoteo cruzaba la sala principal de un extremo al otro esperando la noticia tan deseada. Amaba intensamente a su esposa doña Antonia Videla y la llegada de este nuevo hijo acrecentaría la unión entre ellos. Para atenuar la tensión y la ansiedad propias de aquella circunstancia desviaba sus pensamientos hacia otro punto geográfico de la Patria: Tucumán. Por su actividad pública sabía con certeza que muy posiblemente y por aquellas mismas horas algo muy importante estaba por nacer para felicidad de todos. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la entrada de Teodora, la matrona de mayor confianza de la familia quien le expresó: ‘Es una bella niña, mi amo’, y depositó a la criatura en brazos de su padre.

Don Timoteo contempló largamente y con infinita ternura el rostro de su segunda hija. ¿Qué inexplicable mezcla de sentimientos le provocaba la llegada de esta niña? ¿Sería este nacimiento augurio de nuevos vientos libertarios? En los interiores de la casa de doña Francisca Bazán de Laguna había comenzado a gestarse el segundo hito histórico más importante después del 25 de mayo de 1810.

El perfume a Independencia inundaba por doquier el paisaje tucumano. Una brisa cómplice lo esparcía a los cuatros puntos cardinales de la Patria. Don Timoteo Maradona alzó la vista y contemplando la imagen de la Virgen del Carmen que dominaba la escena de la sala principal sintió una repentina inspiración: mi hija se llamará María del Carmen Maradona. Al día siguiente sería bautizada en la Iglesia Matriz de San Juan y Parroquia de San José siendo sus padrinos don Juan José Videla y doña Juana Maradona. Al hogar de don Timoteo y doña Antonia llegaron, con el correr de los años, 8 hijos más; Petrona y María del Carmen, las mayores, los disfrutaban.

La actuación civil del padre de las niñas cumpliendo variados e importantes cargos públicos fue creando las condiciones propicias para que la familia alcanzara prestigio y reconocimiento social. Don Timoteo Maradona llegó a ser ministro de Gobierno del Gral. Nazario Benavides y gobernador subrogante en cinco oportunidades. Sus hijos se relacionaban con las mejores familias de entonces. Fue en una de esas reuniones sociales que María del Carmen conoció a quien sería su futuro esposo, Nicolás Furque Castro. De este matrimonio nacieron tres hermosas niñas: Francisca, Delfina y Rosaura Furque Maradona.

Cuando sus hijas asistían a la escuela y se conmemoraba un nuevo aniversario de la Independencia les recordaba que ese día ella también cumplía años y que siempre en esas ocasiones el abuelo Timoteo le hacía el mejor de los regalos. Siendo adulta comprendió entonces la significación que para su padre tenía aquella fecha: su nacimiento coincidía con el aniversario del nacimiento de la Independencia Nacional y esto lo llenaba de orgullo. Este 9 de julio no estaba segura si su padre asistiría al tradicional locro criollo por ella preparado. Luego de su viudez y con nuevas obligaciones producto de su cristiana espiritualidad, su padre poco tiempo tenía para dedicarle a la numerosa familia.

Sin embargo, puntualmente a las trece de ese día, al escuchar los golpes, la liberta Juana corrió de prisa y abrió la pesada puerta de la casa colonial. El Obispo Provisor de San Juan, Timoteo Maradona, entró portando en sus manos un hermoso presente para su hija. Como ya era tradicional, no podía estar ausente de la reunión familiar en la que se brindaba con fervor patriótico por un nuevo aniversario del 9 de julio de 1816 y por el cumpleaños de su amada hija María del Carmen Maradona.