Por una cuestión tal vez del destino, en una mañana brumosa y fría del Sur de Escocia, y en momentos que un labrador de escasos recursos se disponía a comenzar sus tareas sobre el húmedo suelo, se escucharon gritos ensordecedores que venían desde el Oeste. Inmediatamente, el hombre dejó sus herramientas en suelo y corrió en auxilio. Atravesó un bosque y al poco andar se encontró con un pequeño pelirrojo atemorizado, inmerso hasta la cintura en el lodo putrefacto de un pantano, ejerciendo desesperadas acciones para librarse del mismo sin resultado e inclusive hundiéndose poco a poco. El labrador no dudó un minuto en rescatarlo y después de un enramado salvador logró rescatar al pequeño.

Atemorizado, el labrador llevó al niño hasta su vivienda la cual estaba ubicada cerca del lugar sobre una colina. En este pobre, pero acogedor sitio atendió al pequeño, secó sus ropas, y lo sentó cerca de un hogar a leños.

Ante los ojos atónitos de sus hijos, éstos se le fueron acercando sin decir una palabra, observando sus prendas y vestimenta, y sobre todo la curiosa figura de este niño inglés. Corrían las horas y la curiosidad se tornó en amistad, sobre todo con el mayor de los niños cuyo nombre era Alexander.

Al día siguiente, un pomposo carruaje llegó hasta el pequeño terreno del agricultor. De él bajó un noble inglés elegantemente vestido y se identificó como el padre del pequeño que Fleming, el agricultor, había salvado.

El noble inglés agradeció al humilde agricultor que salvara a su hijo, y le ofreció una suculenta recompensa que el campesino se negó rotundamente a aceptarla, porque le parecía mas que suficiente el haber tenido la oportunidad de hacer un acto de esa índole.

En ese preciso instante, el hijo de aquel pobre agricultor salió de la puerta de la casa de la familia y se detuvo al lado de su padre. El noble cambió su propuesta y le propuso llevarlo con él y pagarle una buena educación, la misma que tendría su hijo. Así de esa manera retribuir de alguna forma el hecho de haber salvado al hijo.

Ante tan tentadora propuesta el humilde agricultor accedió y el hijo del campesino acudió a las escuelas en Brigthon y Eton School entre otras, para terminar graduándose de médico en St Marys Hospital de Londres. El hijo del campesino se llamaba Alexander Fleming, descubridor de la penicilina, y el hijo del Noble Winston Spencer Churchill, uno de los políticos mas influyentes del Reino Unido.

Pero esta historia no termina allí. Pasaron los años y Churchill enfermó de pulmonía y fue salvado gracias a la penicilina. Así las cosas no existe ley de probabilidad alguna capaz de predecir sucesos como los de esta historia. Coincidencias de vida que quedan fuera de las leyes de la Matemática. Seguramente este suceso, por algunos cuestionados, tal vez marcó la valentía del primer ministro. Diferentes sucesos a través de su vida como militar, en zona de combate, le valieron tal vez su creencia de inmortal. Era curioso ver en batalla su figura, con su largo cigarro (costumbre ésta que adquiere en Cuba) erguido en plena zona de impacto de obuses, inmutable y atento.

Churchil murió de un ataque cardíaco en 1965, ya anciano, sin embargo en el momento que cayó a un pantano, lo salva un ciudadano común, que sin duda alguna, ayudó con esta acción a que cambiara la historia de Europa.

(*) Abogado.