Viena, 14 de julio.- Irán y seis potencias internacionales lograron este martes en Viena un acuerdo que limita el programa nuclear iraní a cambio de un levantamiento de las sanciones. Además de poner fin a 35 años de enfrentamiento entre Washington y Teherán, el acuerdo puede reconfigurar los equilibrios geopolíticos en una región sacudida por la violencia extremista.

El presidente iraní, Hassan Rouhani, ha asegurado en Twitter que el acuerdo "abre nuevos horizontes centrados en objetivos compartidos" entre las dos potencias. Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi, ha afirmado que el pacto "no es perfecto" pero constituye un "momento histórico".

El régimen de los ayatolás preserva la capacidad de producir energía nuclear y se legitima en el concierto de las naciones. El presidente de EE UU, Barack Obama, frena el acceso de los iraníes a la bomba atómica y gana su apuesta internacional más arriesgada desde que en 2009 llegó a la Casa Blanca. El primer resultado puede ser una mayor cooperación frente a los yihadistas del Estado Islámico.

El acuerdo, por su alcance regional, es equiparable al de Camp David en 1978, que selló la paz entre Egipto e Israel. También puede compararse con la reconciliación entre Estados Unidos y otro enemigo histórico, China, en 1972. Como hace con Cuba, el demócrata Obama ha buscado en la diplomacia y el multilateralismo la llave para conflictos enquistados desde la Guerra Fría.

En Viena ha ocurrido lo que hasta hace poco era inimaginable: ver a dos enemigos no solo hablando en la misma mesa, sino llegando a una posición común. Han hecho falta casi dos años de negociaciones, decenas de reuniones cara a cara entre el secretario de Estado, John Kerry, y el ministro iraní de Exteriores, Javad Zarif, repetidos plazos incumplidos y un esfuerzo final de más de dos semanas en un palacete austrohúngaro de Viena, con tensiones y nervios, gritos y amenazas de portazos.

El resultado más inmediato de Viena es impedir, durante un mínimo de diez años, el acceso de Irán a la bomba nuclear. No es poco. Lo que EE UU y la llamada comunidad internacional no consiguieron con Pakistán ni Corea del Norte —evitar por la vía diplomática que se uniesen al club de nueve países con la bomba nuclear— lo han conseguido con Irán.

El acuerdo frena, aunque sea temporalmente, la proliferación nuclear en una de las regiones más inestables del planeta. La ONU se asegurará de que los iraníes reducen su capacidad para enriquecer uranio y plutonio —combustible necesario para fabricar la bomba— mediante un régimen de inspecciones intensivo. Irán logra desprenderse de las mayores sanciones que ningún país soporte hoy, sanciones que lo aislaron internacionalmente y ahogaron su economía.