Lejos están los productores de ajo de alcanzar las hectáreas que sembraban en épocas de éxito, ya que desde el 2008 la siembra comenzó a descender sistemáticamente cada año haciendo desaparecer esta hortaliza en varios campos. Sin embargo este año se rompió la racha, porque tras 7 años consecutivos de caída no se sembró menos, sino la misma cantidad que el año pasado, 800 hectáreas, según surgió de un sondeo realizado en el sector.
Es cierto que en un gran ciclo, como fue la temporada 2006-2007, estos productores alcanzaban un total de 2.800 hectáreas y hoy con suerte llegan a cubrir el 29 % de lo que tenían en ese momento. Sin embargo que se haya plantado lo mismo resulta ser una señal al menos de que el producto intenta remontar, esta vez gracias a la demanda del mercado externo.
La puerta que hoy se abre para los ajeros y les crea expectativa es la demanda de de un gran comprador: ‘’Nos ha favorecido Estados Unidos que dejó de comprarle ajo a China y esta demandando a otros mercados, además a buen precio”, aseguró optimista Javier García, presidente de la Cámara de Productores, Empacadores, Exportadores de Ajos y Afines.
Los productores mantienen la vista puesta en el exterior, a pesar de que las exportaciones de ajo el año pasado tuvieron una baja del 36% interanual, de 2.600.000 kilos frente a los 4.100.000 que se vendieron en el 2013 al mundo, según la Cámara de Comercio Exterior. “Pero hoy la demanda revivió y el problema es que no hay productos para enviar”, lamentó García.
El hecho de conseguir nuevos compradores y la puja por mantener los que ya tenían, es lo que ha hecho que la cifra de hectáreas de este año se conserve estática a comparación del año pasado y no siga disminuyendo. “Al menos este año no hemos tenido pérdidas, se ha mantenido, por lo que tenemos la esperanza de que el año que viene se revierta y volvamos a tener esas 3 mil hectáreas que tuvimos siempre’’, agregó el directivo.
Los motivos que hicieron que el ajo perdiera su lugar de privilegio, que ocupó por años en la producción sanjuanina; fueron dos: la escasez de agua para riego de la hortaliza junto con la pérdida de competitividad por inflación de costos. Ambas razones hicieron que se dejara esa siembra por la de tomate, que le fue ganando espacio de a poco; y quedó sólo para el ajo unas 800 hectáreas, de las cuales 200 son para el mercado interno y 600 para exportación. Lo que significa un 71% menos que las buenas épocas, según detalló García.
La problemática del riego hizo replantearse las cosas a varios productores a la hora de sembrar, como el caso de Juan Mingorance, Presidente de la Sociedad de Chacareros Temporarios de San Juan, que se vio obligado a reducir su terreno, “tuve que dejar una finca, porque no hay agua, el año pasado tenía 2 hectáreas y este año he plantado media, porque no llega agua del río y no tengo pozo”, explicó Mingorance. El inconveniente con la moneda está reflejada en el precio, por ejemplo un cajón de 10 kilos que ahora cuesta alrededor de U$S 5 más que el 2014. Varía el monto de aumento según la calidad, pero en el 2014 estaba alrededor U$S 19 ese cajón y este año a U$S 34. “El ajo para San Juan representó algo muy importante, pero la situación económica nuestra hizo que perdiera estabilidad. Antes teníamos 25 galpones empacando y exportando, en este momento creo que hay 8 galpones nada más”, lamentó García.
