El discurso de tono político del presidente de la Sociedad Rural Argentina, Luis Etchevehere, en la apertura de la tradicional Feria anual de Palermo, tuvo tantos elogios como críticas, ante la situación económica nacional. Las encendidas palabras del dirigente dieron lugar a diversas interpretaciones, pero en un exabrupto -tal vez desapercibido en los porteños-, calificó de "plaga” a la presencia de guanacos en zonas patagónicas.
La insólita condena, que llama a la caza depredadora, fue recibida como un apoyo institucional a quienes señalan al guanaco como causante del creciente proceso de desertificación que sufre la Patagonia. Sin embargo, esta especie herbívora nativa produce menos erosión que las ovejas en los frágiles ecosistemas patagónicos ya que el deterioro de los suelos se origina en causas estructurales por el manejo inadecuado de especies domésticas y de los pastizales, como lo determinó el INTA y otros estudios de investigación.
Debe recordarse también que el guanaco, como todos los camélidos americanos, están resguardados por leyes nacionales y convenios internacionales sobre especies en vías de extinción, caso de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, lo cual implica la obligación de implementar medidas adecuadas de manejo a fin de permitir el comercio internacional de productos obtenidos de la especie, como su apreciada fibra.
Tanto el guanaco, como la vicuña, poseen una de las fibras más finas del reino animal y muy apreciada por la industria textil mundial. El uso sostenible de estas especies tiene la potencialidad de generar fuentes adicionales de ingreso para los lugareños en zonas donde conservar la especie y el hábitat mediante estrategias de adaptación al cambio climático puede ser muy rentable.
Etchevehere debió exhortar a los ganaderos patagónicos a la convivencia de ovejas con guanacos mediante un plan de conservación de la especie en poblaciones silvestres ecológicamente funcionales en su rango de distribución y su valoración desde el punto de vista económico, ecológico y social, además de implementar medidas para la recuperación de los suelos por la sobreexplotación.
Insinuar el exterminio de la fauna nativa, de la misma manera que se procede con toda plaga que azota al agro, además de una actitud irresponsable, es hacer apología de la caza furtiva y desconocer toda legislación proteccionista.
