Con la indagatoria de Leonardo Fariña, el exvalijero de Lázaro Báez, empezó a desenredarse un ovillo de corrupción cuyo diámetro es incalculable aún. De probarse la mitad de las cosas que el pelilargo empezó a decir, todo el lío se podría resumir en el odio de una mujer hacia el socio de su marido ya muerto, porque el socio en cuestión no quiere darle a esa dama la plata del fallecido y, para peor, esa mujer ni siquiera sabe de qué dinero se habla, porque su marido nunca confió en ella para esas cosas. Un detalle: el dinero del que se habla provino de la obra pública, de hechos de corrupción estatal, nada más y nada menos. Esto no es patrimonio K, por desgracia: en Brasil lo juzgan a Lula Da Silva por quedarse con unos dos mil millones de dólares en coimas. Y en San Juan hace poco se denunciaron hechos de corrupción ante la Justicia que merecerían al menos una investigación: Monseñor Alfonso Delgado fue acusado en una declaración judicial de traer plata de manera indebida al país. ¿Tendremos que esperar a que el religioso se jubile para saber si hizo o no lo que le acusan? Porque más o menos eso pasó con Cristina y Lula. Ojalá todo se aclare, incluso por el bien de los acusados.
La novela de CFK: ‘Los primeros movimientos de dinero al exterior se hicieron posteriores y muy cercanos a la muerte de Néstor Kirchner. Porque ella (Cristina Fernández) junto con su hijo (Máximo Kirchner), fueron golpeando a los empresarios más emblemáticos amigos del marido, reclamando lo que teóricamente era de él, y ahí es donde viene el cortocircuito entre Lázaro Báez y Cristina Kirchner’, dijo Fariña ante el juez federal Sebastián Casanello. Y agregó: ‘Lázaro decía textualmente: ‘Néstor era mi amigo desde siempre. Ella no. Esto lo hice con mi amigo y queda acá’, refiriéndose a su emporio’. Es decir, mientras Néstor estuvo vivo, Lázaro le cuidaba el dinero. Muerto Kirchner, el empresario quería seguir cuidándole la plata o gastándola, no importa, pero no se la quería dar a Cristina. Cristina la reclamó y ahí se armó.
¿Por qué demoró tanto el juez Casanello? Nadie lo sabe. ¿Por qué no le da a Cristina la oportunidad de defenderse en una indagatoria? ¿Conoceremos alguna vez la cara o el nombre de los funcionarios que no controlaron a Néstor y Báez para que juntos se robaran la plata del Estado? Porque para que hayan sacado el dinero de las arcas públicas de la manera que lo hicieron, debieron tener cientos de cómplices. Esos nombres también deben conocerse. Junto a Lula hay 350 funcionarios del gobierno de Brasil que están siendo investigados. ¿Y acá?.
Lula: Al expresidente de Brasil le endilgan haber recibido plata a cambio de favorecer con licitaciones y sobreprecios a empresas contratistas de Petrobras, la estatal brasileña de energía. Los fiscales de ese país aseguran que el Instituto Lula, presidido por el exmandatario, recibió en los últimos años unos 5 millones de dólares en donaciones de las cinco empresas más favorecidas por los desvíos en Petrobras, las mismas compañías que también le pagaron unos 2,5 millones de dólares al expresidente por dictar conferencias.
La propia Petrobras asegura que los desvíos descubiertos sumaron unos 2.000 millones de dólares en diez años, pero la Fiscalía brasileña que investiga el caso calcula que la red de corrupción desvió entre el 1% y el 5% de cada contrato firmado por Petrobras entre 2004 y 2014. Es decir, nadie sabe cuánta plata se habría perdido. Es incalculable, tanto que ya debe pesar en el PBI de ese país.
Delgado: Tras la denuncia que presentó monseñor ante la Justicia provincial por el faltante de plata del Arzobispado, se conocieron detalles que el religioso aún no responde: primero, ¿qué pasó con los 600 mil dólares que, supuestamente, dejó Di Stéfano para construir la Capilla del Seminario?; segundo, ¿es verdad que Di Stéfano le dejó un activo 1.166.148,40 dólares?; tercero, ¿qué pasó con la venta de un terreno de 7.277 metros cuadrados en calle Hipólito Yrigoyen al 1131 que donó un empresario?; cuarto, ¿es cierto que para la venta de ese terreno, por la que se obtuvieron unos 470 mil pesos, dieron su consentimiento sólo cuatro sacerdotes y no ocho como se dijo en su momento?; quinto, ¿dónde está ese dinero?; sexto: ¿es cierto como dijo Brozina en su declaración indagatoria que traía plata en negro de afuera del país? Estas mismas preguntas fueron publicadas en este medio a principios de mes, y después de eso se le ha llamado insistentemente a la máxima figura de la Iglesia para una respuesta, pero no hubo suerte.
Lo conocido gracias a la presentación del religioso también debería ser investigado, veremos qué hace la Justicia Federal esta semana. O la provincial, más allá del rapidísimo procesamiento sobre Juan Brozina, el excontador, y Darío Tapia, el extesorero.
En resumen, la corrupción golpea muy fuerte y hay que combatirla. No es posible que se haya esperado deliberadamente a que Cristina termine su mandato para investigarla. No es posible que haya pasado lo mismo con Lula o con Carlos Menem, por citar otro ejemplo. Dios quiera que todos nos convenzamos de que Delgado tampoco cometió ningún delito, por el bien de todos. Pero lo tenemos que saber ahora, no cuándo se jubile.
